Por Alberto Salcedo

Dios nos salva de la fuente que nos hace pecar (el poder del pecado) y del producto de la fuente (pecados). La salvación se originó en Dios y no en el hombre.  A Dios le interesa salvar al hombre, porque Dios es amor.

La salvación se cumple porque: el hombre peca y Dios lo ama; a pesar de eso el hombre quiere hacer algo más para aportar a la salvación. (Ejemplo: caminar de rodillas). De esta manera rechazamos la obra completa que hizo Jesús en la cruz, recuerde, sólo tenemos que creer.

Dios nos salva por amor:

1) Dios es amor.

2) Dios ama al hombre.

3) la expresión de amor de Dios es la muerte en la cruz.

Debo aprender a conocer, creer y permanecer en el amor de Dios. El amor de Dios no varía, es constante, no cambia, somos nosotros los que cambiamos, se ama haciendo discípulos, predicando la salvación, enseñándoles, consolidándoles (en otras palabras, una acción).

Tengo que confiar en el amor de Dios, el hombre peca y Dios ama. Cuando el amor es expresado se convierte en gracia, Dios muere por nosotros y esa acción se llama gracia. Cuando soy soberbio resisto a la gracia de Dios, sólo los de corazón humilde reciben recompensa de Dios. El amor de Dios, la gracia de Jesús y la comunión con el Espíritu Santo es lo que necesito todos los días de mi vida.

Salmos (26-30)

Ya que Jehová es mi luz (mi guía) y mi salvación y la fortaleza de mi vida (mi confianza), de que habré de atemorizarme. Poner la confianza en Dios, y orar continuamente debe ser mi deseo. Debemos darle la honra y adoración a Dios ya que él se lo merece. Cambia nuestra tristeza en gozo (por fe). Hablaré vida y no muerte, bendición y no maldición, porque en mi boca hay un milagro.

Saúl fue escogido y establecido por Dios para que fuera su autoridad delegada. Desobedeció y Dios lo rechazó y ungió a David. Aunque David tuvo muchas veces la oportunidad de matarlo no lo hizo, porque:

1) Hacerlo sería rebelarse contra la autoridad de Dios, la unción estaba con Saúl (uno a quien Dios había establecido) aunque fue rechazado.

2) Si los hombres han de servir a Dios, la sujeción a la autoridad es una necesidad absoluta. La obediencia trasciende a lo que hacemos.

3) La consagración no cubre el pecado de la rebelión.

David mantuvo la autoridad de Dios, él lo reconoció como un hombre según su corazón. Solamente pueden ser autoridad los que se someten a la autoridad. La sumisión a la autoridad no consiste en someterse a una persona sino en someterse a la unción que está sobre esa persona, la unción que vino sobre ella cuando Dios la ordenó como autoridad.

Acerca de Toto Salcedo

Comunicador Radio-TV RR.SS Libro: Revolucion desde adentro Pastor EKKLESIA

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