Por: Mark Rutland

2 Reyes 5:12-13 RVR 1960

Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio? Y se volvió, y se fue enojado.

Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?

2 Reyes 5:12-13 NTV

¿Acaso los ríos de Damasco—el Abaná y el Farfar—no son mejores que cualquier río de Israel? ¿Por qué no puedo lavarme en uno de ellos y sanarme?». Así que Naamán dio media vuelta y salió enfurecido.

Sus oficiales trataron de hacerle entrar en razón y le dijeron: «Señor,[a] si el profeta le hubiera pedido que hiciera algo muy difícil, ¿usted no lo habría hecho? Así que en verdad debería obedecerlo cuando sencillamente le dice: “¡Ve, lávate y te curarás!”».

En 1962, la sonda espacial Mariner I debía viajar a Venus y proporcionar información a los científicos de la NASA. Nunca llegó allí, ya que se precipitó al Océano Atlántico cuatro minutos después del despegue. Se puso en marcha una investigación sobre la causa del accidente, que más tarde se relacionó con el programa informático que dirigía la nave. Resultó que en algún lugar del programa se había omitido un solo signo menos.

Para algunas personas, vivir los fundamentos de la fe cristiana no es lo suficientemente emocionante. Demasiado insignificante. No es lo suficientemente valiente.

Sin embargo, la forma en que un seguidor de Jesús maneja las cosas pequeñas, tanto en actitud como en ejecución, determina en gran medida cómo manejará las cosas más grandes.

Naamán aprendió una lección sobre esto en el pasaje de hoy. Era un poderoso guerrero de Aram, pero tenía lepra. Después de obtener permiso para visitar al profeta Eliseo, planeó en su mente exactamente lo que sucedería: Eliseo se encontraría con él, agitaría su mano e invocaría a Dios para que lo sanara.

En cambio, el profeta envió un mensajero a Naamán, quien le dijo que se lavara en el río Jordán siete veces. Naamán estaba molesto con esta cura. Quería algo con un poco más de fanfarria. Pero sus oficiales le llamaron la atención sobre su actitud y le animaron a tomarle la palabra a Eliseo. Cuando Naamán decidió bañarse en el Jordán, su pequeño acto de obediencia lo curó de su lepra.

Así que tómate el tiempo necesario para conocer a Dios a través de la oración constante. Lee sobre los personajes de la Biblia y sus triunfos y fracasos. Aprovecha las oportunidades que el Señor te presenta, por insignificantes que parezcan. Al fin y al cabo, las pequeñas cosas sí importan.

Acerca de Toto Salcedo

Comunicador Radio-TV RR.SS Libro: Revolucion desde adentro Pastor EKKLESIA

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