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Joyce Meyer

Es difícil tratar con la gente orgullosa, porque rehúsa la corrección y el buen consejo. De hecho, Proverbios 16:5 dice: “El Señor aborrece a los arrogantes”. Nadie les puede decir nada, porque ellos piensan que ya saben todo. Como son dogmáticos en sus opiniones, están siempre a la defensiva, lo cual les dificulta recibir corrección. Para ellos, eso parecería ser una admisión de que están equivocados, y es algo que les resulta imposible hacer.

En mi ministerio, el Señor me usa para traer corrección por medio de su Palabra. Generalmente, la carne no lo quiere, pero es lo que nos hace crecer en el Señor. Aunque trato de hacerlo de una manera amorosa, algunas veces, las personas reaccionan contra mí porque, siendo orgullosas, resisten la verdad. Pero Jesús nos dijo que es la Verdad lo que nos hará libres (vea Juan 8:32). Recuerde: la gente libre es gente feliz.

Es bueno para mí aprender que cuando el Señor me guía a corregir a las personas, no es mi tarea convencerlos. Eso es tarea del Espíritu Santo. En Juan 16:8 Jesús dice que es el Espíritu Santo quien da convicción de pecado y convence a la persona de la verdad. Eso significa que usted y yo no debemos tratar de “ser Dios” en la vida de otras personas.

La gente orgullosa siente que debe convencer a los demás de que está en lo cierto y que todos los demás están equivocados. Trata de decirle a la gente cómo debe cambiar o qué debe hacer. Como nos dice Proverbios 16:5, esa clase de enfoque de superioridad, dominante, no es del agrado de Dios. Él quiere que sus hijos sean amables y humildes, no arrogantes y orgullosos.

La gente orgullosa también suele ser muy rígida, lo cual explica por qué con frecuencia imponen una disciplina rígida. Ellos tienen su propia manera de hacer las cosas, y si alguien no las hace de ese modo, reaccionan fuertemente, algunas veces hasta con violencia: “¡Esto es así! ¡Esta es la manera en que se debe hacer o si no…!”

Por último, la gente orgullosa es, con frecuencia gente complicada. Aunque la Biblia nos llama a una vida de simplicidad, la gente orgullosa siente que debe hacer un gran problema de todo, una montaña de un grano de arena. Parte de su motivo es porque piensan que deben entender todo, que deben conocer las “entradas y salidas” de cada situación y saber la razón de todo lo que pasa en la vida. Para decirlo simplemente, ¡Quieren tener el control porque, en el fondo, sienten que nadie puede manejar las cosas tan bien como lo hacen ellos!

Todas estas cosas nos ayudan a explicarnos por qué usualmente la gente orgullosa no es realmente gente feliz. Y las personas desdichadas no hacen muy felices a otras. Cultive la humildad en su vida, así podrá ser feliz y llevar alegría a otros.

Tomado de La Biblia de la vida diaria, de Joyce Meyer.

Acerca de Toto Salcedo

Comunicador Radio-TV RR.SS Libro: Revolucion desde adentro Pastor EKKLESIA

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