Jesús nos mostró la clave para la multiplicación.  ¿Recuerda cuando Él alimentó a la multitud con unos peces y unos panes? No fue sino hasta que Él partió y bendijo que los discípulos dijeron que no era suficiente, que la comida empezó a multiplicarse.

 ¿Qué pasaría si ese pequeño niño que tenía unos peces y unos panes se hubiera negado a dárselos a Jesús? Miles de personas habrían tenido hambre, no solamente el niño, quien de todos modos no tenía suficiente.

La mayoría de nosotras tenemos miedo de dar lo poco que tenemos a alguien más. Cuando sentimos que no tenemos suficiente de algo, tendemos a acumularlo, temiendo que no tendremos lo que necesitamos.  Esto hace que seamos tacañas. Además, Dios no multiplicará lo que no ofrecemos.  Algunas veces, lo que tenemos para ofrecer es el lugar de nuestra esterilidad o falta.  Nuestro dolor y pérdida parecen insuficientes como una ofrenda a Cristo.  Sin embargo, cuando bendice lo que previamente llamó maldito, usted se posiciona a sí misma para un milagro de proporciones matemáticas.

Dios no nos multiplica por nuestras propias fuerzas o abundancia. Sino Él toca los lugares dentro de nosotras, que son frágiles, que están quebrados o rotos y, en esos precisos lugares, Él empieza a multiplicar.  Lo que usted pensó que la descalificaba es en realidad lo que la hace apta. Lo que el enemigo hizo para destruir su destino es, de hecho, el camino a su productividad.

¿Por qué no darle a Cristo lo “Poquito” que usted tiene? No es suficiente para sostenerla de todos modos.  Adelante, bendiga los lugares de su esterilidad, su dolor, su escasez, sus temores.  Sus éxitos, sus victorias, su provisión y sus recursos tampoco la llevarán a donde usted espera llegar. Usted tiene que ofrecer a Cristo todo lo que posee para recibir un milagro de multiplicación.

Jesús tomó la pequeña ofrenda del niño y la bendijo, dando gracias por ella.  La mayoría de nosotras no da gracias a Dios en nuestros lugares de escasez.  Miramos nuestros recursos limitados o nuestro tiempo finito y nos quejamos o preocupamos. Consideramos que nuestro quebrantamiento no tiene valor.

¿Qué pasaría si simplemente bendijéramos esas cosas?

No quiero decir que tengamos que estar agradecidas por las maldiciones como el cáncer. Pero yo agradezco que el cáncer, el cual trató de destruirme, preparara un nuevo comienzo para mí, donde Dios me mostró su fidelidad en magníficas maneras. No tenemos que dar gracias por el abuso. Pero podemos estar agradecidas de que el abuso nos da la capacidad para reconocer el amor verdadero y la aceptación y saber que es un gran milagro experimentar la sanidad. Usted, naturalmente, no daría gracias por la muerte. Pero podemos agradecer que la pérdida de nuestra vida natural pueda ser un sendero a la vida eterna, donde nunca más sentiremos dolor, pesar o escasez.

Sea agradecida por todo lo que tiene, ya sea grande o pequeño, y sea generosa con ello.  Ofrézcaselo todo a Jesús con gratitud. Generosidad por gratitud es igual a multiplicación. Si usted da lo poquito que tiene, Dios lo multiplicará y todas nosotras podremos comer de la abundancia.

Tomado del libro Mujeres en pie de guerra por Jan Greenwood.

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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