Joven Tras Las Rejas

Beth Moore

Cuando tenía 18 años, me rendí al llamado al ministerio vocacional de Dios. Pero realmente no tenía idea a lo que me estaba rindiendo. Algunos años más tarde, Dios me dio una orden: “Envié a mi Hijo a liberar a los cautivos. Tú irás y tocarás la campana de la libertad.”

Este mandato sonó evangelístico para mí, y estaba segura que mi llamado estaba en el área del discipulado. Sacudo mi cabeza y me maravillo ahora cuando recuerdo que una vez pensé que lo únicos cautivos ¡eran los perdidos espiritualmente!

Pero si alguien me hubiera dicho entonces que los cristianos podían estar atados, habría discutido con todo el volumen que una persona puede lograr – ¡cuando el yugo de esclavitud está estrangulando su cuello! Yo era la peor clase de cautiva: una prisionera inconsciente. De hecho, no tenía idea que estaba en cautividad hasta que Dios comenzó a liberarme.

Tal vez tú tampoco estás convencido que los cristianos pueden vivir atados. No tomes mi palabra; toma la de Dios.

La Biblia dice: “Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud.” (Gálatas 5:1, BA) El hecho de que Pablo escribiera esta advertencia, no al mundo sino a la iglesia (lee Gálatas 1:2) y que usara la frase “otra vez al yugo de esclavitud” indica que sabía que era posible para los creyentes ser atados.

Parafraseo Gálatas 5:1 de esta manera: “¿No te das cuenta que Cristo lo entregó todo para que pudieras ser libre? La cruz compró tu libertad de cada yugo y lo reemplazó con Cristo mismo [lee Mateo 11:28-30]. Nada puede mantenerte cautivo ahora sin su permiso.

“¡No regreses a la esclavitud! Él no te ha hecho libre para vivir el resto de tu vida en esclavitud auto-infligida. Aprende a vivir en la gloriosa libertad de Cristo; luego mantente alerta de modo que no regreses a la cautividad.”

FIN DEL CAUTIVERIO.

Ningún otro libro de la Biblia tiene más que decir acerca de la cautividad del pueblo de Dios y la promesa de libertad y restauración que el libro de Isaías. Isaías ministró como profeta al pueblo de Dios en y alrededor de Jerusalén durante el periodo cuando la nación de Israel estaba en un reino dividido. El nombre de Isaías significa “El Señor Salva,” y la palabra “salvación” es usada en su libro 27 veces – dos veces más que en los libros de otros profetas del Antiguo Testamento juntos.

Isaías habla acerca de la rebelión del pueblo de Dios y su resultante cautividad a los asirios. Pero también mira más adelante en el tiempo cuando la cautividad terminaría, un tiempo cuando Israel sería consolado por Dios y restaurado a su propósito señalado.

Más importante, Isaías profetiza acerca de la llegada del Libertador, Aquel que está destinado a liberar a Su pueblo:

“El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha consagrado; me ha enviado a dar buenas noticias a los pobres, a aliviar a los afligidos, a anunciar libertad a los presos, libertad a los que están en la cárcel; a anunciar el año favorable del Señor, el día en que nuestro Dios nos vengará de nuestros enemigos. Me ha enviado a consolar a todos los tristes a dar a los afligidos de Sión una corona en vez de ceniza, perfume de alegría en vez de llanto, cantos de alabanza en vez de desesperación. Los llamarán «robles victoriosos»,
plantados por el Señor para mostrar su gloria. Se reconstruirán las viejas ruinas, se levantarán los edificios destruidos hace mucho, y se repararán las ciudades en ruinas.” (Isaías 61:1-4).

De este pasaje podemos aprender muchas cosas importantes:

Dios escucha el clamor del oprimido. Debemos creer que Dios se preocupa por aquellos en prisiones físicas, emocionales, mentales o espirituales. Dios emitió Isaías 61:1-4 como una respuesta a la cautividad que Él previó cuando miró la rebelión de Judá. Estas palabras liberadores se aplican a nosotros tan ciertamente como se aplicaban a los israelitas. Ellas continuarán aplicándose tanto como Dios mire desde la altura de Su santuario, vea la tierra y escuche el gemido del prisionero.

Dios cumple Isaías 61:1-4 en Cristo solamente. Cuando Jesús leyó de las Escrituras en el templo, citó Isaías 61 como su estatuto personal (lee Lucas 4:14-21). Tanto Isaías 61:1 y Lucas 4:14 nos dicen que Cristo Jesús fue empoderado por el Espíritu. Y sabemos que “donde está el Espíritu del Señor, hay libertad” (2 Corintios 3:17).

Cristo nos hace libres por el poder de Su Espíritu; luego Él mantiene nuestra libertad cuando aprendemos a vivir día tras día en el poder de ese Espíritu. Isaías y Lucas concuerdan en que solo Cristo fue señalado para ofrecer esta clase de libertad.

El ministerio de Cristo es un ministerio del corazón. ¿Notas todas las partes de la descripción de la obra de Jesús? Cristo vino a “aliviar a los afligidos, a anunciar libertad a los presos, libertad a los que están en la cárcel; … a consolar a todos los tristes a dar a los afligidos de Sión una corona en vez de ceniza, perfume de alegría en vez de llanto, cantos de alabanza en vez de desesperación.” (Isaías 61:1-3).

La primera prioridad de Cristo es liberar a los cautivos de la esclavitud de la destrucción eterna (lee 2 Pedro 3:9). Pero la gente salva, como mencioné antes, puede todavía estar en esclavitud (lee Gálatas 5:1)

FORMAS DE ESCLAVITUD.

¿Qué significa esto en la vida real? Cuando piensa en esclavitud, a menudo imagino yugos que vienen de algún área de un trauma o victimización en la infancia, pues esta es la clase de yugos con los que yo tuve que combatir. Sin embargo, se por mi relación con otras mujeres, que hay muchos diferentes tipos de yugos.

Recientemente le pedí a un grupo de mujeres a las que enseño que ampliaran mi horizonte en términos de áreas de cautividad que las creyentes enfrentan. Aunque ellas permanecerán anónimas, tú conoces mujeres como ellas: brillantes, educadas, mujeres cristianas que sirven fielmente en sus iglesias y vienen de todo tipo de trasfondo económico.

He escuchado dolorosos testimonios de ataduras a la lujuria y patrones de caída en pecado sexual. Leí acerca de luchas con la homosexualidad y temor a los hombres debido a abuso infantil.

Algunas hablaron acerca de la incapacidad de amar a la gente plenamente, incluyendo a sus propios esposos e hijos. Una me escribió acerca de la victoria que Dios le había dado sobre una compulsión para robar. Otra había sido liberada de una deshonestidad habitual. Una amiga me sorprendió escribiendo acerca de haber obtenido libertad de la amargura que había desarrollado como resultado del abuso físico que sufrió siendo niña.

Mi corazón se quebró por una mujer que describió cómo una profunda inseguridad le había robado amistades, trabajo en la iglesia y su matrimonio. He oído de muchas quienes fueron cautivas por un corazón crítico y lleno de juicio hacia la gente. Otras lucharon terriblemente con la ira hacia Dios. Con la duda. Desánimo. Soledad. Una falta crónica de satisfacción.

Estas cartas llegaron solo de quienes ya habían encontrado libertad en Cristo. ¡Imagina cuántas más están todavía luchando! Creo firmemente que:

  • Cristo vino a libertar a los cautivos – sin importar la clase de yugos que los aten.
  • Él vino a vendar a los quebrantados de corazón – sin importar qué rompió ese corazón.
  • Él vino a abrir los ojos del ciego – sin importar qué impide su visión.

OBSTÁCULOS PARA LA LIBERTAD.

En la gloriosa tesis de Isaías sobre la libertad de los cautivos, el profeta describe los beneficios de Dios en un resumen inolvidable: “Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera.” (Isaías 64:4). Dios quiere hacer en tu vida algo que tus ojos nunca han visto, tus oído nunca escucharon, y tu mente nunca concibió.

Pero al igual que los Israelitas que estaban en cautiverio, un yugo extraño puede impedirte que obtengas los cinco importantes beneficios que Dios quiere que Sus hijos disfruten. La ausencia de cualquier beneficio es un indicador de cautividad. De acuerdo al Libro de Isaías, Dios con su gracia, extendió los siguientes beneficios para Sus hijos:

  • Conocer a Dios y creer en Él.
  • Glorificar a Dios.
  • Encontrar satisfacción en Dios.
  • Experimentar la paz de Dios.
  • Disfrutar la presencia de Dios.

Ya que muchos cristianos hoy obviamente no están experimentando la plenitud de estos beneficios, debe haber impedimentos que nos aparten del derecho de la primogenitura que Dios quiere. Cinco obstáculos bloquean nuestro acceso a los beneficios que Dios tiene para nosotros:

  • Incredulidad, que impide conocer a Dios.
  • Orgullo, que nos aleja de glorificar a Dios.
  • Idolatría, que nos impide ser satisfechos con Dios.
  • Falta de oración, que bloquea nuestra experiencia de paz de Dios.
  • Legalismo, que detiene nuestro deleite de la presencia de Dios.

Estos cincos obstáculos son tan prohibitivos que si no son tratado y quitados, la visitación personal de nuestro Rey será grandemente impedida, y nunca caminaremos en verdadera libertad.

Incredulidad. La incredulidad es escoger no creerle a Dios. No estoy hablando de creer EN Dios; hablo de creer lo que Él dice. Podemos creer en Cristo, aceptando la verdad de que Él es el Hijo de Dios, y podemos creer en Cristo, recibiendo eterna salvación, y sin embargo fallar al permanecer firme en creer y escoger encontrarnos con Él confiadamente, día tras día.

La incredulidad es paralizante. Los pasos que damos hacia Dios, los tomamos a través de la fe. Por lo tanto, la incredulidad literalmente paraliza nuestro “caminar” espiritual, echando enormes obstáculos en el camino de la vida victoriosa.

La buena noticia es que si estamos dispuestos a admitir nuestra falta de confianza en Él, Cristo está más que dispuesto a ayudarnos a vencer nuestra incredulidad. Pídele  que haga esto por ti. También, pasa tiempo conociéndole. Mientras más lo conozcas, más creerás en Él. Escoge hoy buscarle y caminar en fe.

Orgullo. El orgullo es un obstáculo para glorificar a Dios pues es el equivalente a quitarlo del trono y ponernos nosotros mismos en Su lugar. No podemos honrarle cuando estamos buscando honor para nosotros mismos. Y Dios no comparte Su gloria con nadie, ni siquiera con Sus propios hijos.

Liberarse del orgullo involucra dos pasos: (1) ver al orgullo como un enemigo feroz y a la humildad como una amiga; y (2) humillarse uno mismo delante de Dios. Proverbios 11:2 nos dice, “Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; Mas con los humildes está la sabiduría.”

La humildad no es algo que tenemos sino algo que hacemos. Esto no significa que debemos odiarnos. Significa que debemos estar conscientes que quienes somos en relación a Dios y rendirnos a Su majestad.

Idolatría. Dios quiere que encontremos nuestra satisfacción en Él en lugar de perder nuestro tiempo y esfuerzo en cosas que no pueden satisfacernos. Pero cuando miramos otra fuente para satisfacernos, somos culpables de idolatría.

La insatisfacción no es algo terrible. Es algo de Dios. Solo es terrible cuando no dejamos que ésta nos lleve a Cristo. Él quiere que encontremos lo único que realmente saciará nuestros corazones sedientos y hambrientos.

Para ir por el camino hacia la libertad, debemos quitar el obstáculo de la idolatría. Pero esto no siempre es fácil.

Los primeros dos obstáculos a la libertad – incredulidad y orgullo – pueden quitarse efectivamente a través de una elección: podemos elegir creerle a Dios, y podemos elegir humillarnos delante de Dios. Algunos de los ídolos en nuestra vida, sin embargo, son más difíciles de remover pues han estado en ese lugar por años, y encontramos difícil dejarlos ir. Comenzamos eligiendo reconocer su existencia y admitiendo su incapacidad de mantenernos satisfechos.

Falta de oración. Evitar orar es una receta segura para la ansiedad. Para experimentar la clase de paz que cubre toda circunstancia y vivir vidas poderosas, debemos desarrollar activas y auténticas vidas de oración.

La falta de oración es el obstáculo más prohibitivo en el camino a la victoria de un creyente. Cuando Satanás ataca, no podemos confiar en la disciplina, las lecciones aprendidas en el pasado o nuestro conocimiento de lo que es mejor para nosotros.

Nuestra más grande motivación será la Persona con quien caminamos. Permaneciendo cerca de Él a través de una constante comunicación, recibiremos un suministro continuo de fortaleza para caminar victoriosamente.

Legalismo. Dios dio una perfecta descripción de legalismo en Isaías 29:13: “Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado.”

Debemos entender que no podemos agradar a Dios – o encontrar la libertad que buscamos – siguiendo una serie de reglas. Dios no toma nuestra temperatura espiritual bajo nuestras lenguas a través de las palabras que decimos, o en nuestros oídos a través de enseñanzas impresionantes que escuchamos, o bajo nuestros brazos por el servicio que prestamos. Dios la toma directamente del corazón. Él quiere que intercambiemos nuestras reglas por una relación con Él.

Si cualquiera de estos obstáculos te está impidiendo caminar en la vida abundante que Cristo vino a darte, recuerda: la especialidad de Dios es ¡quitar piedras! Permítele poner Su mano sobre lo que te está esclavizando y quitarla del camino, de modo que puedas experimentar la libertad total en Él.

Vía: Charisma Magazine

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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  1. MARIA ELENA ALVAREZ dice:

    GRACIAS DOY AL GRAN DIOS POR SU VIDA TOTO SALCEDO, PIDO AL ALTÍSIMO LO CONTINUE BENDICIENDO Y SU UNCIÓN SEA SOBRE UD., CADA DIA.
    GRACIAS POR SUS MENSAJES HAN TRAÍDO A MI VIDA CRECIMIENTO ESPIRITUAL, PAZ, SOSIEGO,
    CADA MENSAJE ES EDIFICANTE LA PALABRA DE DIOS ES VERDAD PORQUE EN EL NO HAY MUDANZA NI SOMBRA DE VARIACIÓN.
    DE NUEVO GRACIAS MUCHAS GRACIAS.
    BENDICIONES

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