images

Kathryn Kuhlman (1907-1976)

No somos librados de la tentación el día que nacemos de nuevo. Pero podemos vencerla por el poder del Espíritu Santo.

¡Qué reconfortante es saber que la Oración del Señor cubra cada aspecto de la vida cristiana! He declarado muchas veces que si tan solo tuviéramos esta pequeña porción de la Biblia dada desde los mismos labios de Jesús, tendríamos el suficiente evangelio para saber cómo ser salvos y cómo vivir en victoria. Esta oración incluye cada faceta de la vida física y espiritual del hombre.

No es de extrañar, entonces, que se incluya la frase “no nos dejes caer en tentación.” Jesús sabía de las dificultades que enfrentaríamos y las tentaciones a las que todo ser humano se sentiría atraído.

La dificultad radica en la idea errónea de muchas personas – el pensar que después de su experiencia de nacer de nuevo, no tendrán más tentaciones. Este error representa un punto de caída para muchos líderes espirituales.

De alguna manera, en nuestro celo de lograr que hombres y mujeres acepten a Cristo como su Salvador, pintamos un cuadro tan optimista de la vida cristiana, que muchos nuevos cristianos sienten que no habrá más batallas después de aceptarlo. Creen que no serán más tentados y que todos sus conflictos terminarán después de esa maravillosa experiencia de regeneración.

Tenemos que advertir a los jóvenes conversos que, incluso a pesar de que han nacido de nuevo, habrá tentaciones. No nos atrevamos a olvidar que el enemigo de nuestra alma está muy activo y mientras más grande sea la vida de utilidad para Dios, más grandes son las tentaciones.

Debemos estar en guardia. Jesús no dice esto mismo en el ejemplo que nos dio para orar. Él sabía de todos los peligros que nos acosan.

Tendremos tentaciones tanto como estemos en nuestros cuerpos de carne, y viviendo sobre la tierra, y mientras el enemigo de nuestra alma esté en el mismo mundo. No importa cuán profundamente espiritual puedas ser, serás tentado.

Cuando alguien me dice que ha llegado a una meseta espiritual – cuando siente que está en un nivel tan alto espiritualmente que ya no tiene tentaciones, simplemente sonrío y pienso, ¡Solo te estás engañando a ti mismo!

Nunca voy a discutir contigo con respecto a tu relación con Dios, o discrepar con tus maravillosas experiencias espirituales, o dudar que estés profundizando en las cosas de Dios. Pero voy a disputar cualquier declaración que hagas que diga que nunca eres tentado.

Incluso alguien tan espiritual como el apóstol Pablo, quien está entre los más grandes santos que han vivido, estaba en constante batalla dentro de sí mismo, con relación a sus propias tentaciones. Él era consagrado y rendido, viviendo para Dios, o Dios no habría podido usarlo como lo hizo, ni le hubiera dado los secretos profundos espirituales de Su poder.

Sin embargo, Pablo estaba constantemente consciente de las tentaciones de la carne con las que batallaba, tentaciones que tú y yo también enfrentamos. ¿Por qué? Porque estaba todavía en el cuerpo de carne, y esta carne todavía ese corrupción. Todavía es mortal. Tú y yo tendremos tentaciones mientras haya aliento en nuestros cuerpos mortales, al margen de nuestra profunda espiritualidad.

Rehúsa Rendirte.

La buena noticia es que: es posible tener victoria. Y el primer paso para obtener esta victoria sobre la tentación, es el saber que la tentación en sí, no es pecado.

El más grande santo que viva hoy será tentado, pues el diablo todavía está vivo, y el santo de Dios vive en un cuerpo de carne, el cual es corrupción. Aquel será tentado – se encontrará con los deseos de la carne – pero la tentación en sí no es pecado. Solo cuando uno cede a la tentación, se convierte en un pecado.

Jesús mismo fue tentado en el desierto, y Él pudo haber cedido a las tentaciones que el diablo le presentó. No era una farsa. Jesús era tan hombre en la carne, como si no hubiera sido Dios; pero también era tan Dios, como si no hubiera sido hombre.

Jesús fue tentado por el mismo diablo que nos tienta a ti y a mí, pero esas tentaciones no fueron pecado, porque Él no cedió a ellas. Él fue tan perfecto después de las tentaciones del diablo, como si nunca hubiera sido tentado.

Todos los cristianos creen que Dios no puede llevar a nadie a la tentación o al mal, bajo ninguna circunstancia. Esta conclusión está fundamentada en Santiago 1:13-14: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.”

Mientras uno todavía está en el cuerpo de carne, y mientras este cuerpo todavía esté en corrupción, debemos lidiar con la carne. La Escritura continua, “Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” (v. 15)

Cuando la tentación venga a ti, no sientas como que has fallado a Dios; no sientas como si hubieras caído o perdido terreno espiritualmente. El hecho es simplemente esto: Mientras más oras y más tiempo pasas buscando al Señor, más sensible a crecer espiritualmente estás. Como resultado, más grandes son las pruebas que enfrentas y más grandes son tus tentaciones.

Cuando comencé mi ministerio en Idaho, era muy joven. Sonrío ahora cuando recuerdo mis pensamientos después de haber terminado de predicar mi quinto sermón.

Caminando por la carretera, de regreso a la pequeña habitación donde me estaba quedando, me preguntaba sobre qué más podría predicar. ¡Pensaba que se había agotado el suministro de sermones que se encuentran en la Biblia!

Sí, sonrío al recordar esos pensamientos, pues desde entonces, el Espíritu Santo me ha revelado muchas verdades profundas, y todavía solo he arañado la superficie de las ricas enseñanzas de la Palabra de Dios. ¿Sabes por qué? ¡He crecido! Si eres un cristiano saludable y hay vida divina de Jesús en ti, crecerás y te desarrollarás espiritualmente.

La Importancia De Entregarte.

El entregarte es el otro paso importante para ganar la victoria sobre la tentación. Hoy, puedo llevarte a una calle sin salida en cierta ciudad, de cierto estado, donde lo entregué todo – cuerpo, alma y espíritu – a Jesús. Caminando allí, con lágrimas cayendo por mi rostro, por primera vez en mi vida ya no era yo, sino todo de Él. Cuando hice esa entrega total y completa de todo a Jesús, el Espíritu Santo tomó mi vaso vacío.

Ese día fue el amanecer del día más grandioso de mi vida. No tuve un verdadero ministerio hasta que caminé aquella pequeña calle sin salida, y lo rendí todo a Él. ¡Y eso es todo lo que Él pide!

Pero mira bien: cuanto mayor es la sumisión, más grandes las tentaciones. Con esa llenura del Espíritu, llega una responsabilidad tremenda, y mientras continuamos avanzando en la estatura espiritual, nuevas y poderosas tentaciones nos esperan en el camino.

Ellas están allí, a cada paso del camino. Está la tentación de trabajar para la propia gloria; hay tentaciones de honores personales, distinciones y ganancia material.

Las maravillosas verdades que he compartido con los creyentes a través de los años, estaban en la Biblia todo el tiempo, cuando pensé que había agotado el suministro de sermones para predicar. Como era tan joven espiritualmente, no veía toda la profundidad del significado de la Palabra de Dios. Tenía que crecer, y mientras crecía, el Espíritu Santo me reveló las verdades espirituales profundas. Fueron pan para mi alma.

Desarrollé. Crecí espiritualmente, exactamente de la misma manera que un bebé crece físicamente cuando se le da el alimento correcto. Primero viene la leche, y luego la comida más sustancial, y finalmente, el niño está comiendo papas y carne. Al fin, un día el joven se sienta al lado de su papá y dice, “Papi, ¡quiero el bistec que estás comiendo!”

El secreto está en el crecimiento, y mientras más oras, más tiempo pasas leyendo la Palabra de Dios, más te esfuerzas por seguir las enseñanzas de Jesús, más sensible te haces al Espíritu Santo. Mientras más sensible y espiritual te conviertes, tus oraciones se hacen más poderosas y efectivas, y los resultados de tu trabajo para Dios son más grandes. Consecuentemente, Dios te usará en mayor medida, y avanzarás en las cosas espirituales.

A medida que creces, también te haces más susceptible a las formas de tentación, que simplemente no acosan a los cristianos en su etapa más temprana de crecimiento espiritual.

Pero el siervo que está verdaderamente rendido a Dios, es capaz de caminar en victoria, sin importar cuán grande sea la tentación, pues está motivado por su deseo de complacer a Dios, en lugar de un deseo de satisfacer su carne.

En el análisis final, nunca debemos perder de vista el hecho de que el poder se manifiesta a través de la vida llena del Espíritu, del Espíritu Santo, y todo fruto se deriva de este regalo de Dios, la poderosa Tercera Persona de la Deidad, quien es fiel para guiarnos a quienes nos hemos rendido a Jesús, a cada paso del camino.

Anuncios

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s