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Tricia Goyer

“¡No es mi culpa!” es una de las 10 frases más usadas frecuentemente y podría ser la número 1.

No me malinterpretes, no soy la clase de persona que siempre tiene que estar en lo correcto.Pero el cielo protege a cualquiera que implique que podría estar equivocado.

Pero en los últimos años, he empezado a hacerme una pregunta difícil cuando comienzo a sentirme abrumada por la vida.

¿Dónde podría haberme equivocado?

Esta pregunta no proviene de un deseo poco sano de avergonzarme a mí misma, sino de un honesto deseo de atravesar el problema presente en el proceso de oración, de modo que pueda evitar sentirme abrumada en el futuro.

Entendiendo mi fallida toma de decisiones

Más a menudo que de costumbre, descubro que mi angustia actual es el resultado una fallida toma de decisiones que cae en una de estas cinco categorías.

1. Decidí hacer algo fuera de los límites.

Hice lo que sabía que no debería hacer… o no hice lo que sabía que debía hacer.

Como la vez que manejé durante cuatro horas seguidas, sin descanso ni para ir al baño, a pesar de saber que necesito ambos cada hora o dos, y terminé destrozando el auto de mi esposo.

¿Hay perdón disponible en tales situaciones? Por supuesto.

¿Aun así hay consecuencias, a menudo, a largo plazo? Absolutamente.

¿Aprender a vivir con las consecuencias a largo plazo, por una mala decisión a corto plazo, sin dejar que esas consecuencias me abrumen?  Adultez. Y humildad. Y rendición.

2. Decidí involucrarme en lo que no me incumbía.

He aprendido a la manera difícil que, hay una palabra para “ayudar” sin una invitación: intromisión.

Sin importar lo bien calificada que pueda ser, sin importar cuán terriblemente puede la otra persona estar arruinando las cosas, meterme en lo que Dios no me ha llamado, nunca me ha salido bien.

Estoy aprendiendo lentamente, que mi vida es mucho menos abrumadora cuando me alejo de las cosas que no me incumben.

También estoy aprendiendo a hacerme la incómoda pero vital pregunta: ¿Qué estoy evitando en mi propia vida que me hace querer asumir el control de alguien más?

3. Decidí demasiado rápido.

Mi personalidad impulsiva y acelerada me mete en problemas. Demasiado a menudo, tomo decisiones locas porque soy una adicta a los logros – hacer algo, cualquier cosa, se siente mejor que esperar.

Solo en retrospectiva me doy cuenta que dejé fuera del proceso de decisión a personas clave. A menudo, no he orado, no he buscado consejo ni he escuchado la guía del Espíritu Santo, antes de tomar acciones.

Mi Manifiesto personal está ayudándome tomar decisiones más sabias, más consideradas, con consecuencias mucho menos abrumadoras. Es una simple declaración de quién soy y quién aspiro ser con la gracia y el poder de Dios. Al leerlo, me pregunto, ¿qué decisión mantendrá mi integridad intacta? ¿Qué elección agradecerá mi futuro yo?

4. Esperé demasiado tiempo para decidir.

Algunas veces, hago exactamente lo opuesto: espero demasiado tiempo para tomar una necesaria decisión.

Como una persona perfeccionista en recuperación y altamente sensible, puede sentirme tan aterrorizada al hacer una elección equivocada, que no hago ninguna. Seguramente, ninguna elección es mejor que una mala elección, ¿verdad?

No es así. Ninguna elección en realidad es una elección.

Estoy aprendiendo a hacer la mejor elección posible intencional, en lugar de permitir que ninguna elección gane por defecto.

5. Las decisiones de alguien más me están afectando.

Algunas veces, las cosas van mal incluso cuando no depende de mí. Yo mantengo mi parte del trato, pero alguien más suelta el balón. Entonces no admitirán que su mala elección está ahora lastimándome. Para añadir sal a la herida, incluso pueden culparme de las consecuencias de su mala decisión.

Puede que yo no haya tomado la decisión inicial, pero ahora tengo una decisión vital que tomar: ¿Cómo responderé?

¿Me permitiré una reacción fuera de los límites, como la ira o la malicia? (Lee Nro. 1)

¿Reaccionaré asumiendo para sentirme mejor? (Lee Nro. 2)

¿Reaccionaré en el momento, en vez de darme el tiempo para orar y procesar la situación? (Lee Nro. 3)

¿Reprimo mi reacción durante mucho tiempo, de modo que la amargura y el resentimiento se apoderan? (Lee Nro. 4)

Cómo Tomar Decisiones Más Sabias, Más Intencionales

Tan fácil como es culpar a otros por la angustia en nuestras vidas, algunas de ellas vienen de nuestra propia mala toma de decisiones.

Más de lo que nos damos cuenta – o queremos admitirlo.

En lugar de golpearnos a nosotros mismos por nuestras malas elecciones, podemos “estar quietos” y descansar en la seguridad de Dios: “Yo soy Dios” (Sal. 46:10).

Al procesar y orar por nuestras pasadas decisiones, aprenderemos a decidir más sabiamente, más intencionalmente, y como resultado, menos estrés y la paz en nuestras vidas.

Vía: www.charismamag.com

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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