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Lee Grady

Deuteronomio 23:1 es doloroso – pero nos muestra que Dios quiere sanar las heridas del alma masculina.

Nunca había oído un sermón sobre Deuteronomio 23:1 hasta el mes pasado, cuando mi amigo puertorriqueño Luis Roig tuvo la valentía de leer el texto en voz alta a un grupo de hombres en Florida. Cuando lo hizo, un hombre jadeó y cayó al suelo. Muchos otros rieron nerviosamente, y todos caímos sobre nuestras rodillas, juntos gimiendo.

La traducción Holman lo dice de esta manera: “Ningún hombre cuyos testículos han sido aplastados o cuyo pene ha sido cortado, puede entrar en la asamblea del Señor.”

¡Auuch!

Por favor, perdón por el lenguaje gráfico, pero las traducciones antiguos simplemente no son claras. La versión Reina Valera dice, “No entrará en la congregación de Jehová el que tenga magullados los testículos, o amputado su miembro viril.” ¡Esto es decirlo suavemente!

La mayoría de nosotros desestimamos o ignoramos este extraño pasaje, ya sea porque el tema es embarazoso o porque la ley parece injusta. Después de todo, si un hombre es dañado en sus partes privadas en un accidente, ¿Por qué debería ser considerado un paria?

Pero este verso es relevante para nosotros hoy pues enfrentamos una crisis de masculinidad. En nuestra cultura huérfana de padres, muchos luchan con su identidad como hombres, y como resultado se sienten alienados de Dios. Mientras tanto, la iglesia ofrece poca ayuda para que los hombres encuentren verdadera sanidad. Nuestra idea del ministerio de hombres es proveer comida, deportes o entretenimiento, mientras bailamos alrededor de los problemas más profundos sin realmente enfrentarlos.

Sin embargo, a donde quiera que vaya, encuentro hombres que sufren de masculinidad aplastada. Han sido pateados en la ingle, espiritualmente hablando. Su anatomía real puede estar intacta, pero debido a una pobre paternidad, afirmación carente, maltrato, rechazo familiar, inferioridad o alguna forma de abuso, su hombría no se desarrolló apropiadamente. Son hombres por fuera, pero por dentro son niños heridos que tienen miedo de decir lo que sienten.

Con los años he identificado muchas categorías de hombría aplastada:

  1. Inseguridad. Muchos hombres se hacen egoístas, probando su hombría a través de la competencia. Debido a que no obtuvieron el estímulo saludable en casa, se vuelven ensimismados y anhelantes de atención. Pueden aparentar éxito extremadamente, pero por dentro tienen miedo de fracasar. Encuentran muy difícil construir amistades saludables, y sus esposas generalmente se sienten usadas e ignoradas. Al final, estos hombres terminan en divorcio, escándalos, prisión o algo peor.
  2. Indecisión. Algunos hombres simplemente no tienen la habilidad de tomar decisiones. Puede que nunca hayan tenido un padre que los aliente o un modelo del cual aprender. Como resultado, tambalean en sus carreras, luchan financieramente, temen al futuro y se sienten débiles. Muchos de estos hombres encuentran a Cristo, pero viven en aislamiento doloroso y quedan atrapados en adicciones pues carecen de autocontrol.
  3. Dominación. Algunos hombres – especialmente si son abusados física o incluso sexualmente siendo niños – creen que la única manera de probar su hombría es ejerciendo poder. La ira violenta hierve bajo la superficie. Si se casan, sus esposas sufren la peor parte de su disfunción. Estos hombres son atormentados por secretos, pero no pueden tomar quitarse su armadura lo suficiente para admitir sus problemas a nadie.
  4. Promiscuidad. El sexo es una competencia egoísta para muchos hombres. Tratan de acostarse con tantas mujeres como sea posible para probar que son “verdaderos hombres.” Irónicamente, es su falta de hombría la que los lleva a herirse a sí mismo y a los demás. Algunos hombres que son abusados sexualmente cuando niños, buscan tener sexo con tantas mujeres sea posible para probar que no son homosexuales.
  5. Homosexualidad. No es muy popular hoy en día sugerir que la homosexualidad es pecado. Y si reformulo mi pregunta y dijo, “¿Es saludable?” Muchos hombres hoy luchan con su identidad básica como hombres, y a menudo no es su culpa. Pueden nunca haber tenido un padre para afirmarlos, o su padre no haya sido afectuoso. Otros tienen confusión de género debido a abuso. En muchos casos, los hombres experimenten atracción por el mismo sexo debido a que anhelan la atención saludable masculina que debieron haber recibido de un papá. Y erróneamente piensan que el sexo con otro hombre restaurará la hombría que desean.

Cuando mi amigo Luis leyó Deuteronomio 23:1, también compartió su dolorosa historia: cómo había sido abusado cuando era niño, como luchó con sus temores y deseos, y cómo su abuso lo empujó a ser violento en su matrimonio. Afortunadamente, Luis encontró más que una cura para sus problemas cuando vino a la fe. Jesús lo libertó de su ira, sanó sus heridas emocionales y comenzó a restaurar su hombría.

Esta sanidad se encuentra en Jesús. Como el Buen Samaritano, Jesús derrama Su aceite y vino sobre nuestras heridas. Como el padre del hijo pródigo, Él extiende sus brazos alrededor de nosotros y nos dice que se alegra de que le pertenezcamos. El amor incondicional de Jesús, que es a la vez tierno y poderosamente fuerte, es el remedio perfecto para el alma masculina fragmentada.

Esta sanidad sobrenatural está disponible para los hombres hoy, pero no podemos ofrecer lo que no hemos experimentado nosotros mismos. Debemos estar dispuestos a cambiar nuestro superficial “Dios te bendiga, hermano” con una palmada en la espalda, y volverlo real. Los hombres han sido dolorosamente castrados, y necesitan una cirugía. Dejemos de negar el problema. Es tiempo de que una ola de sanidad toque los hombres heridos a nuestro alrededor.

Vía: Charisma Magazine

 

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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