Reconciliación - Manos

Steve Stewart

El centro del corazón de Dios es la comunión. Desde el principio de los tiempos, Dios habitó en la comunión del Padre, Hijo y Espíritu Santo. Él creó al hombre para tener comunión con Él y con los demás.

La gran tragedia de la caída (Génesis 3) es que la perfecta comunión fue rota, pero no se perdió para siempre. Esto porque desde el momento que ocurrió, Dios siempre se ha movido hacia la reconciliación – restaurando lo que se rompió.

A través del Antiguo Testamento, el Señor llamó e inició la reconciliación con la humanidad. En Malaquías, Él dice, “Vuélvanse a mí, y yo me volveré a ustedes.” En el Nuevo Testamento, Jesús nos busca y nos invita a regresar, a ser restaurados, a reconciliarnos con Él.

Por supuesto, el acto más grande de reconciliación fue la cruz. Desde mis primeros días como creyente, siempre he sido conmovido por la verdad de Romanos 5:10. Antes de conocer a Jesús, antes de incluso preocuparme por ello – mientras utilizaba Su nombre para maldecir, incluso entonces, Él me amaba y murió específicamente por mí. No es de extrañar que Pablo escribiera a los Romanos: “Porque si Dios, cuando todavía éramos sus enemigos, nos reconcilió consigo mismo mediante la muerte de su Hijo, con mayor razón seremos salvados por su vida, ahora que ya estamos reconciliados con él.” (Romanos 5:10). Tal vez estas son las palabras más conocidas de Pablo acerca de la reconciliación.

“Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación. Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: «En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.»” (2 Corintios 5:17-20, NVI). Una vez más, vemos que Dios toma la iniciativa en la reconciliación. El Señor obra a través del perdón y la restauración, estando ambos inmersos en la idea de la reconciliación. Y, debido a que el corazón de Cristo ahora late en nosotros, somos una completa nueva creación. Pero no solo nos regocijamos en el conocimiento y la experiencia de vivir esta nueva vida reconciliada – se nos ha dado una misión: ser embajadores de Cristo, comprometido en extender la reconciliación a otros.

Esto nunca debe detener el concepto teológico. Ese es el terreno fácil del creyente. Como discípulos, estamos llamados a tomar el terreno duro de vivir en reconciliación.

Cuando escogemos creer lo mejor de las palabras o acciones de alguien más, cuando vivimos de manera atractiva e inclusiva, entonces estamos viviendo como seguidores de Jesús, quien busca e invita, cuya misión entera fue la reconciliación. Esto, en parte, es el por qué somos llamados nueva creación.

Nuestra naturaleza caída en su esencia, separa y evalúa. Es por esto que organizaciones (incluyendo iglesias) construyen fácilmente paredes, separándonos de “Ellos.” Nos sentimos seguros en nuestra definición colectiva de quienes somos, o lo que significa ser “nosotros.” Sí, esto es tan instintivo que difícilmente lo notamos; sin embargo, es el instinto de nuestra naturaleza caída. En su esencia, esto es opuesto al Espíritu siempre reconciliador de Dios.

Por lo tanto, debemos abrazar decisiones y acciones que nadan contra la corriente, tanto de nuestro ser caído como del impulso del mundo. Cada vez que abrazamos la reconciliación, y si somos Sus discípulos, debemos avanzar a Su paso.

Seguir a Jesús, por lo tanto, significa rehusar aislarme o incluso, alejarme emocionalmente de otra persona. Estoy siguiendo al Rey. Escoger un estilo de vida de reconciliación en actitud y acción, permite que la realidad del reino fluya a través de mí a otros, cambiando así la atmósfera y las posibilidades.

Jesús desafía a todos los que serán Sus discípulos, a entregar sus vidas – sus preferencias, presuposiciones (y sí, nuestros prejuicios). Cuando nosotros, nuestras iglesias, nuestras organizaciones o nuestras naciones se mueven hacia aquellas personas y países con los que no estamos de acuerdo – cuando escogemos la reconciliación, nos estamos moviendo al ritmo del Rey. Y cuando nos movemos con Él, nos adentramos en un nuevo mundo de posibilidades.

Vía: Ministry Today Magazine

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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