Joven Manos Levantadas - Campo

Jack Hayford 

Tan a menudo como la palabra santo es usada por los cristianos, podrías pensar que todos estamos de acuerdo en un entendimiento uniforme de su significado. Leemos nuestras “Santas” Biblias. Recibimos la “Santa” Cena. Cantamos el himno “Santo, Santo, Santo” y sabemos que el Espíritu “Santo,” es la tercera persona de la Deidad. Entendemos la palabra generalmente para querer decir “divino” o “de Dios.”

Pero cuando los cristianos comienzan a discutir la santidad, descubren que las implicaciones de la palabra varían ampliamente. Parece que la santidad puede significar cualquier cosa, desde un nombre para el Papa, hasta el abstemio y la que no usa maquillaje.

¿Qué crees que significa? ¿Qué te sugiere a ti, la palabra santo (o las palabras relacionadas estrechamente como santificación)? La palabra en alguna forma – santo, santidad, santísimo, sagrado, santificado – aparece cerca de 700 veces en la Biblia. Ciertamente, es una palabra importante. El creyente promedio parece sentirse amenazado por la idea de la santidad. Tiende a verla como algo inaccesible, un estándar demandante de vida, que parece estar mucho más allá de él. Los creyentes tienden a definirla como un “sentir” más que un hecho, y el sentimiento para ser, “Eso está mucho más allá de mí (¡Aunque estoy seguro que quiero hacer lo mejor de mí!)

El Espíritu Santo desea llevarnos a cada uno de nosotros a completar la personalidad. Esta práctica búsqueda – nuestra asociación con Él, mientras viene a ayudarnos – está orientada a hacernos plenos o santos. De eso realmente se trata la “Santidad” – plenitud. El propósito del Espíritu Santo es traer la vida entera de Jesucristo a toda nuestra personalidad, de modo que todo el amor de Dios pueda ser retransmitido a todo el mundo.

La palabra santo en inglés, es holy y es derivada del inglés medieval hal, una palabra del siglo XI que es la raíz de palabras contemporáneas como health (salud), hale (sano), whole (todo) y holy (santo). Obviamente, holiness (santidad) es más que un atributo espiritual esotérico, y se refiere a algo más que meramente lo invisible. La santidad implica la plenitud de todas las partes del ser humano. A medida que el Espíritu Santo reconstruye las profundidades de tu ser…

*Tu espíritu puede ser reavivado en Dios (hecho santo).

*Tu alma puede ser restaurada en la mente y las emociones (hecho santo).

*Tu cuerpo físico, hábitos y condiciones puede llegar a ser disciplinadas, recuperando tu bienestar (ser sano).

Ahora, ¿No se ve la santidad como una meta deseable, incluso una realidad alcanzable y práctica?

Ya que ambos términos – santidad y santificación – se han convertido en palabrería religiosa, debemos descubrir la verdad acerca de la santidad, si ésta es la meta de Dios para nosotros. Si la completa santificación es algo que cada uno de nosotros deberíamos verdaderamente desear, y si tú y yo probablemente no estamos hambrientos o sedientos de algo que no entendemos, o nos sentimos intimidados, o tenemos una idea distorsionada al respecto, entonces necesitamos explorar el real significado de ser santo.

En 1 Tesalonicenses 5:23, Pablo ora por los creyentes en Tesalónica: “Ahora, que el Dios de paz los haga santos en todos los aspectos, y que todo su espíritu, alma y cuerpo se mantenga sin culpa hasta que nuestro Señor Jesucristo vuelva.” (NTV). Sus palabras revelan tres aspectos de la santificación o santidad, que son las mismas que forman parte de la naturaleza tripartita del hombre (espíritu, alma y cuerpo).

  1. La santidad/santificación es para ahora.
  2. La santidad/santificación es algo que Dios mismo hará en ti.
  3. La santidad/santificación involucra tu paz, integridad y totalidad.

En resumen, Dios está dispuesto a hacer todo lo posible para completarte en plenitud, ¡comenzando hoy! La oración de pablo encierra una tremenda promesa: “Que el Dios de paz… te haga santo.” La idea esencial de la palabra eirene (peace) es unidad, de fragmentos o partes separadas, uniéndose. Esta es una poderosa promesa, relevante para nuestros propios corazones quebrantados.

Santo como Él es Santo.

La frase “se santo porque Él es santo,” lejos de ser una cita prohibitiva o una meta inalcanzable, realmente nos da una visión del corazón y deseo del Padre, para nosotros. La frase es usada primeramente en Levítico: “Pues yo soy el Señor tu Dios. Debes consagrarte y ser santo, porque yo soy santo.” (Levítico 11:44). Es usada una vez más, en esencia, en las palabras de Jesús, registradas en el Evangelio de Mateo: “Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto.” (Mateo 5:48). Aquí están, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, llamándonos a ti y a mí a ser perfectos. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo podemos llegar a esa medida?

Un llamado divino que estaba destinado a engendrar esperanza en lugar de producir temor y condenación. Nunca ganaremos terreno hasta que realmente nuestro sentido de “Fracasar antes de comenzar” sea derribado. Si los muros de nuestra personalidad van a ser reconstruidos, debemos llegar a un lugar de comodidad y confianza, tanto respecto a la meta como al proceso.

Nada impide más la búsqueda de la santidad como un sentimiento de condenación, que siempre incluye culpa, indignidad y sentida de imposibilidad, con respecto a ser capaz de llegar verdaderamente a la medida de los estándares de Dios. Debemos plenamente “apropiarnos” de la verdad de que nuestra santidad ha sido asegurada delante de Dios, por la virtud de nuestra posición en Jesucristo. La marca sin pecado de Jesús, fue el crédito para tu cuenta. La epístola a los Romanos, a menudo usa la palabra justificado, una palabra que indica que Dios ha hecho posible un juicio legal para ti.

A través de los estándares de la corte más alta en el universo, Él te considera santo, cuando pones tu confianza en Jesucristo.

La Palabra de Dios también es específica acerca de la santidad en la práctica. Dios quiere que lleguemos a vivir vidas “santas,” vida en las cuales practiquemos la santidad en pensamiento y conducta. Esto implica crecimiento. Es como si creciéramos en la santidad que Jesús ha provisto para nosotros. Una vez que comprendamos esto, estamos en camino de entender el “ser santos como Él es santo” de una nueva manera.

¿Qué es lo que el Señor Jesús realmente está diciendo aquí? “¿Por lo tanto serás perfectos, así como tu Padre en los cielos es perfecto?” Solía pensar que este era solo un mandamiento, pero he llegado a verlo más como una promesa. Esto es lo que realmente significa: “Como tu Padre es santo, ya se te ha asegurado que están en camino a la santidad.”

Venimos a entender dos importantes puntos: (1) la santidad en la naturaleza inmutable de Dios y (2) Su promesa acerca de nuestra nueva naturaleza. Estos entendimientos nos llevan a una confianza absoluta acerca de nuestro futuro.

La santidad es ese atributo de Dios por el cual Él preserva la integridad de Su propio ser. Esto significa que Dios nunca necesita recordar que es bueno, amoroso, sabio o maravilloso. Él no trabaja por lograr lo que la mayoría de nosotros define como “ser santo.” En lugar de eso, debido a que la misma naturaleza de Dios es santa, nunca será menos que lo que ya es. Su santidad garantiza la integridad inmutable de Su propio ser.

¿Qué significa eso para ti? Significa que Él nunca dejará de sentir amor por ti. Nunca será menos que misericordioso. Nunca será otra cosa que justo. Y va a rehacerte de modo que puedas reflejar Su integridad de ser, en tu propia personalidad y acciones.

No necesito decirte que la personalidad humana está muy por debajo de la integridad de carácter de Dios. Nuestra integridad ha sido despedazada, rota y dañada, reducida a mucho menos de lo que fue diseñada para ser. La buena noticia es que, no tenemos que quedarnos así. ¡Aquí viene nuestro Salvador! Él viene no solo para perdonarnos, sino también para restaurarnos. Su plan es hacernos nacer de nuevo, y a través de este nuevo nacimiento, colocar en nosotros una nueva semilla. Es como un nuevo principio genético: “Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece.” (1 Pedro 1:23)

1 Juan 3:6, 9 dice: “Todo el que permanece en él, no practica el pecado. Todo el que practica el pecado, no lo ha visto ni lo ha conocido… Ninguno que haya nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; no puede practicar el pecado, porque ha nacido de Dios.”

Solía leer estos versos y quería darme por vencido. Decía: “Bien, pienso que he nacido de Dios, pero esto dice que si lo haces, no pecas. Pero algunas veces, todavía lo hago, no quiero, pero lo hago. Amo al Señor, y estoy tratando de ser más santo, pero peco.”

Entonces las palabras del verso 8 me perseguían: “El que practica el pecado, es del diablo.” La duda y la futilidad me atrapaban: “Como todavía no estoy sin pecado, ¿Soy realmente salvo? Entonces en realidad, ¿Debo ser ‘del diablo’?” Los años pasaron, y nadie me dijo algo diferente. Como mucha gente, repetía mi camino al altar y la oración parecía ser la única forma de saber con seguridad que Dios me aceptaba. Pero un día, descubrí que los mismos versos que me habían confundido, encerraban una verdad poderosa.

Mi mala interpretación fue superada simplemente al descubrir el tiempo del verbo griego. En este verso, el lenguaje original realmente dice, “El que es nacido de Dios, no sigue pecando.” De hecho, el capítulo inmediatamente anterior, ya establece la idea de que es solo con la ayuda del Espíritu de Jesús que podemos crecer en nuestra habilidad para resistir el pecado: “Mis queridos hijos, les escribo estas cosas, para que no pequen; pero si alguna peca, tenemos un abogado que defiende nuestro caso ante el Padre. Es Jesucristo, el que es verdaderamente justo. Él mismo es el sacrificio que pagó por nuestros pecados, y no solo los nuestros sino también los de todo el mundo.” (1 Juan 2:1-2)

Entonces lo que la Biblia realmente está diciendo es esto: “Cualquiera que es nacido de Dios, no siga pecando.” Aquellos de nosotros que hemos nacido de nuevo, simplemente ya no somos buenos pecadores. Mientras más crecemos, más difícil es seguir haciendo lo mismo que hacíamos antes. El mensaje también es este: La semilla de Su nueva vida en mí, me asegura que mi destino es vencer el pecado.

¿Con qué frecuencia, antes de conocer a Cristo, pecabas y te sentías justificado al hacerlo? ¿Recuerdas sentirte libre de vengarte, dejar que tu temperamento explote, o servirte a ti mismo egoístamente? ¿Te has dado cuenta que desde que has nacido de nuevo, un sentido interior de querer complacer a Dios, ha empezado a predominar? ¿Eres más sensible a hacer Su voluntad?

He aquí el por qué: Lo que es nacido de Dios, no quiere seguir pecando, pues Él ha plantado Su semilla en ti. La semilla de Dios ¡está en ti! Él dice, “Yo te he hecho nacer en Mi vida, y por lo tanto, los atributos de Mi personalidad serán enviados a  morar en ti.”

Como cualquier fotografía me revela, tengo una entrada pronunciada en la cabeza. No planee ser calvo. En mis años 20 no tomé la decisión: “Creo que empezaré a perder el cabello.” Pero comencé a perderlo, y nadie podía predecir que eso pasaría. Tanto mis abuelos y mi papá tenían precisamente la misma entrada, y el mismo principio genético que causó que fueran calvos, y me transmitieron a mí. Mi hermano y yo tenemos patrones de calvicie similares a nuestros antepasados. La “semilla” biológica genética nos fue transmitida.

Esta simple ilustración señala cómo Dios nos está diciendo a ti y a mí: “Mi semilla está en ti, y como yo soy santo, serás cada vez más santo, también.” Seremos santos porque Él es santo. Seremos perfectos así como Él es perfecto.

La santidad – Su santa naturaleza – llenará progresivamente mis partes débiles, destruidas y dañadas. El carácter y constancia de mi Padre, crecerán en mí.

Por Qué El Espíritu Santo No Descansará.

El Espíritu Santo está buscando el crecimiento y reconstrucción de cada uno de nosotros, sin importar cuánto tiempo le tome. Vemos esto ejemplificado en la historia de Nehemías, quien supervisó la reconstrucción de los muros de Jerusalén.

Nehemías era el copero (es decir, un asesor respetado) del rey Arajerjes, quien gobernaba las 127 provincias del gran Imperio Persa. Cuando el rey le preguntó a Nehemías por su triste semblante, el israelita explicó su deseo de completar la reconstrucción de los muros y puertas de la ciudad.

El rey contestó, “¿Cuánto tiempo durará tu viaje?” (Nehemías 2:5-6). ¿Cuánto tiempo pidió él? Como vemos más adelante, Nehemías pidió al rey ¡12 años! Puedo imaginar a un hombre pidiendo, “¿Puedo tener dos meses de ausencia?” o “Bueno, rey, señor, quisiera tener la oportunidad de estar allí. ¿Sería posible tener un año?” Pero ¿12 años?

Sorprendentemente, el rey accedió a la petición de Nehemías. Desde su reacción en el momento que recibió el reporte de Hanani de la condición extrema de los judíos en Jerusalén, a la disposición de arriesgar su vida, pidiendo el permiso del rey para dejar su posición, y ahora, a esa petición, por una increíblemente larga ausencia – más de una década – Nehemías ejemplifica el carácter y corazón del Espíritu de Dios. Nehemías no podía contentarse hasta que su pueblo fuera atendido.

De esta manera, el Espíritu Santo no descansará hasta que tú y yo seamos atendidos. Él viene a trabajar en nosotros y con nosotros, para reconstruir las murallas de nuestras personalidades ordenadas por Dios, y no será disuadido por la probable duración del trabajo. Como el rey accedió, así es hoy en día: “El Señor llevará a cabo los planes que tiene para mi vida, pues tu fiel amor, oh Señor, permanece para siempre.” (Salmos 138:8).

Sea cual sea el tiempo que tome, Él está comprometido a terminar contigo, y que la obra completa sea una obra de santidad delante del Señor – por el Espíritu de Dios. Él terminará el trabajo de restaurar tu personalidad. Él te “reprogramará.”

El Evangelio de Mateo informa que, tantos como tocaron a Jesús, fueron sanados – totalmente sanados (Mateo 14:36). Juan indica que un pozo de agua de nueva vida, brotará dentro de ti (Juan 4:14). Por la acción directa del Espíritu Santo, Dios hará que ese pozo reviente de modo que los ríos del Espíritu fluyan desde tu ser interior. Ese fluir está diseñado para obrar una completa restauración de tu verdadero yo.

Vía: Charisma Magazine

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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