Hombre Triste - Lluvia

Por Patrick Morley

Mary se divorció de Don pues él le fue infiel, pero ella nunca se había visto molesta por ello. En todo caso, lo mataba con la amabilidad, lo cual solo lo hacía sentirse aún más despreciable.

Don no era un sinvergüenza. Él no se dispuso a caer. Él no se levantó un día y pensó, “Bien, me pregunto qué puedo hacer para arruinar mi vida hoy.” En lugar de eso, su caída siguió sobre los pasos de miles de pequeñas decisiones diarias que tomó en sus pensamientos privados, durante muchos años.

Todo comenzó el día después de que él y Mary se mudaron a su primera casa, cuando él fijaba las persianas y pudo observar a la mujer de la casa de lado, tomando el sol en su patio trasero. Lo que comenzó como un simple acto de curiosidad, se convertiría en un hábito regular de lujuria.

También era algo abrazador y besador en la oficina, donde lideraba en ventas cada año. Don no era Brad Pitt, pero se podría decir que las mujeres lo encontraban atractivo. Esto halagaba su ego, especialmente porque las chicas no lo habían notado mucho en la secundaria. Tendía a dejar que sus ojos se fijaran demasiado tiempo en sus compañeras. A menudo, Don se encontraba divagando en fantasías sexuales mientras conducía a lo largo de la autopista, hacia su casa después del trabajo.

Evelyn era una joven ambiciosa también del departamento de ventas. Era brillante, de rápido aprendizaje y ganaba más comisiones que la mayoría de los hombres en la oficina. Por su ambición, estaba ansiosa de aprender de Don, y debido a su crianza, estaba deseosa de ser amada. No había sido abrazada por su papá lo suficiente.

Había una natural atracción sexual entre Don y Evelyn. Pero para Don, esto no era más que lo que la mayoría de los hombres sentían hacia una mujer físicamente sensual – y Evelyn ciertamente lo era – ella tenía “la apariencia.” Ninguno de ellos actuó abiertamente sobre la atracción física, coqueteando, pero la química estaba allí.

Uno de los más grandes clientes de la compañía estaba interesado en obtener un presupuesto para un producto etiquetado privadamente. Si los números funcionaban, sería una de las más grandes ventas en la historia de la empresa. Cuatro principales vendedores fueron asignados a trabajar en los detalles, incluyendo Evelyn y Don. Alrededor de dos semanas de iniciado el proyecto, se necesitó que los cuatro viajaran a la oficina central del cliente para resolver las propuestas.

Después de registrarse en su hotel, dos de ellos quisieron salir esa noche, pero Don y Evelyn no. Se despidieron y los dos se fueron.

Mientras caminaban, los sentidos de Don estaban alertas. Había una sensación de peligro en el aire, y él le dio la bienvenida. Dijo, “Voy a comer algo. ¿Quieres ir conmigo?”

Evelyn simplemente asintió con la cabeza mientras sus ojos cayeron sobre la alfombra, y ambos caminaron hacia el comedor. Se sentaron en una mesa y Don ya había cometido su primer error, pero no el más grande. Su más grande error fue mezclar el vino con la cena. Pero su verdadero error había estado miles de elecciones antes.

El vino bajó sus inhibiciones, lo que llevó a las preguntas exploratorias. Las preguntas se hicieron más y más provocativas. Cada respuesta sucesiva señalaba el interés en ir más allá. En el momento en que Don firmó el cheque, había aflojado el apretado nudo alrededor de su cuello. Caminaron al elevador, subieron a la habitación de ella, y Don se convirtió en un adultero.

Don despertó a la mañana siguiente lleno de culpa, remordimiento y vergüenza. El resto del viaje de negocios fue extremadamente incómodo. Él resolvió en su mente que lo de aquella noche no volverá a pasar, y que iba a cambiar algunos aspectos de su vida. Lamentablemente, ese pensamiento llegó muchos años tarde. Don era adicto, y no podía caminar lejos de sus hábitos lujuriosos.

Evelyn, su compañera, estaba igual de nerviosa por el asunto, pero ella era soltera. También se sentía demasiado atraída hacia Don, y eso alimentaba el ego de él. Menos de dos semanas después, Don se encontraba en el departamento de Evelyn, durante un tiempo de almuerzo. Por los siguientes tres meses, se convirtió en su cita regular de dos o tres veces por semana.

Mientras tanto, Mary se había frustrado muchas veces, pues no pudo estar con Don durante el almuerzo, el cual generalmente solía comer en su escritorio. Él le mintió diciendo que tenía que almorzar con los clientes de vez en cuando. Mientras tanto, no pasó  mucho tiempo para que los compañeros de trabajo de Evelyn y Don se dieran cuenta de lo que estaba pasando. Muchas de las mujeres de la oficina se sintieron escandalizadas. Don ingenuamente pensaba que nadie se había dado cuenta.

Un día, Mary llamó y le atendió Susan (una de las escandalizadas compañeras). Preguntó, “¿Está mi esposo allí?” Susan, disparó contra ella y dijo, “No, y puede que usted no quiera saber más.”

Mary se sentó con el teléfono en la mano, mientras el tono de llamada cortada sonaba. Al día siguiente, sin poder evitarlo, siguió el auto de Don desde la oficina, en el tiempo del almuerzo. Cuando lo vio entrar al departamento, no quiso ver nada más. Se alejó de prisa, llorando histéricamente.

Tan pronto como llegó a casa, Mary llamó a su madre y pasó 10 minutos muy emocionales, diciéndole lo que acababa de ver. “Mamá, estoy tan asustada. No sé qué hacer.”

“Cariño, lo siento tanto,” comenzó su madre, luego siguieron 20 preguntas. Después de sacar cada posible explicación y curso de acción, acordaron en que Mary le diría a Don esa misma noche, exactamente lo que había pasado paso a paso, comenzando con la imprevista respuesta en el teléfono de Susan.

Después de que los niños se fueron a dormir, Mary le pidió a Don que entraran en el escritorio y cerrara la puerta. Ella comenzó a temblar, y lágrimas corrieron por su rostro. Don sabía que Mary ya sabía todo aun antes de que ella diga una sola palabra. La culpa lo había estado carcomiendo desde hace mucho. Comenzó a llorar él también. Trató de hacérsela más fácil al preguntar, “¿Cómo lo descubriste?” Por las siguientes dos horas, cubrieron cada ángulo. Don, confesó todo y comenzó con los cientos de pequeños pecados que lo llevaron al más grande.

Mary escuchó más de lo que podía soportar. Esa noche, ella trazó su curso, y nunca se desvió de él ni una vez. Ella era una mujer de fe – de fuerte fe – pero no podía estar casada con un marido infiel.

El divorcio tomó seis meses. El terrible dolor no comenzó a desaparecer durante dos años. Entonces ella conoció a Sid. Sid era muy parecido a Don. Después de todo, ella nunca había encontrado nada malo con la personalidad de Don. Al final de 12 meses de cenas y días de campo, con los tres hijos de Mary, ambos comenzaron a pensar. “Esto podría funcionar.”

Cuatro años después de que Don tomó a Evelyn para que sea su ilícita amante, Sid tomó a Mary para que sea su legítima esposa.

Tomó otro año más o menos para trabajar en los detalles de la paternidad compartida. Eventualmente, los niños tenían cada uno dos cepillos de dientes, dos camas, dos todo. Pasaban fin de semana con Don, y él podía asistir a todos sus conciertos y concursos, lo que hacía fielmente.

Un sábado por la mañana, llegó unos minutos antes para recoger a los niños para el fin de semana. Los hijos de Don, de 14, 12 y 9 años, estaban sentados en la mesa desayunando cuando él llamó a la puerta de la cocina.

Mary y el nuevo esposo, Sid, correteaban alrededor de la cocina, buscando más leche y cocinando huevos revueltos. Mary fue a la puerta, la abrió, sonrió y genuinamente amable, invitó a Don a pasar y tomar una taza de café mientras los niños terminaban el desayuno.

Don entro y, sintiéndose bastante incómodo – esta era la primera vez que estaban todos juntos – se sentó al extrema de la mesa. Los niños estaban al otro extrema de la mesa, con un par de sillas vacías entre él y ellos. Los niños no le saludaron enseguida, pues estaban discutiendo sobre quién tendría la última pieza de pan tostado. Se sintió como si ni siquiera estuviera allí – como si fuera un fantasma, como un gigante, horrible y maloliente sapo.

Mary intervino y calmó la tormenta de la tostada. Sid dijo, “Gracias, amor,” dándole un suave beso en la mejilla, luego sirvió a los niños sus huevos y preguntó si alguien quería más leche. Sid acomodó el alborotado pelo de Tommy, y él le sonrió con esa sonrisa llena de dientes que siempre derritió a Don. Pero hoy, él la estaba iluminando a Sid. Don se estaba derritiendo igual, pero por una razón diferente.

Entonces Sid fue a la botella de leche y rozó el brazo por la espalda de Mary, y le dio una palmadita de amor. Vació la leche en el vaso de Anna y ella dijo, “Gracias.” Sid dijo, “De nada, cariño.” Sid se volvió a Don y exhortó a los niños, “Ok, ahora, niños, su padre está aquí. ¿No le van a decir hola?”

No puedo creer que esto me esté sucediendo, pensó Don mientras quedaba paralizado. Aquí está otro hombre haciendo lo que se supone que yo haga. Aquí está otro hombre llamando “Amor” a mi esposa, besando su rostro, cocinando para mis hijos, acomodando el cabello de mi hijo, tocando el cuerpo de mi esposa, llamando a mi hija “Cariño,” y mis hijos no podrían pedir más de él. Mientras tanto, es como si ni siquiera me vieran llegar. ¡Debe haber algún error!

Había un error, pero era demasiado tarde para hacer algo al respecto ahora. Don iba a mirar como otro hombre amaba a su esposa y criaba a sus hijos.

Vía: Charisma Magazine

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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