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Francis Frangipane

Tendemos a alardear en el poder de la fe mientras minimizamos el valor de la esperanza. Sin embargo, “Fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera” Heb. 11:1 DHH.

Sin primero tener una esperanza viva en Dios, nuestra fe no tiene sentido. Verdaderamente, el primer paso de la transformación es el despertar de la esperanza.

Sin embargo, incluso después de la venida de Cristo, todavía fallamos. A menudo un espiral descendente ocurre cuando el pecado abre la puerta a la condenación, y la condenación ahoga la voz de la esperanza. Considera la historia de la conquista de Israel de Canaán. El Señor estaba a punto de prosperar Israel con la riqueza de los canaanitas, pero solo si el botín de su primera batalla en Jericó era completamente dedicada a Dios.

Sin embargo, un hombre, Acán, desafió el edicto del Señor. Tomó la plata, el oro y una prenda de Shinar, y entonces escondió el botín en su tienda. Como resultado de su pecado, 36 israelitas murieron en la siguiente batalla – derrotados y humillados por la pequeña ciudad de Ai.

Después de que el Señor expuso a Acán como el perpetrador, Josué lo tomó, junto con su familia y posesiones, y los llevó a todos a un valle. Allí el líder de Israel dijo, “¿Josué le dijo: —¿Por qué trajiste esta desgracia sobre nosotros? Ahora, que el Señor haga caer sobre ti la desgracia que nos trajiste. Dicho esto, todos los israelitas mataron a pedradas a Acán y a los suyos, y luego los quemaron. Después pusieron sobre él un gran montón de piedras, que todavía sigue en pie. Por esta razón ese lugar se llama todavía valle de Acor. Así se calmó la ira del Señor contra Israel.” (Josué 7:25:26).

La palabra Acor significaba “problemas.” Esto representaba el problema y dolor del pecado de una persona demandado a muchos otros. Ciertamente lo más terrible que Acán experimentó fue que su pecado causó que su esposa e hijos murieran con él. Mientras se juntaron esperando este horrible juicio, la culpa y el remordimiento inundando la mente de Acán debió haber sido insufrible.

Fracaso Personal.

En ese tiempo, el valle de Acor vino a simbolizar el peor de los castigos. Era un lugar de muerte y desolación. Hoy, por supuesto, no apredreamos a quienes pecan o su irresponsabilidad ha causado dolor en otros. Aun así, el pecado tiene consecuencias, y aunque puede que físicamente no somos apedreados por nuestra falta, los efectos de la condenación pública pueden ser simplemente devastadores para el espíritu humano. El hecho es que, muchos de nosotros hemos conocido un valle de Acor personal donde nuestra negligencia moral o acciones insensatas causaron el sufrimiento de otros.

Tal vez cometiste adulterio, y tu esposa (o) e hijos están devastados. Puede ser que tu ansiedad o descuido al manejar causó un accidente, resultando en gran sufrimiento o posiblemente aún la muerte de otra persona. O quizás tu falta de ejemplo cristiano ha causado que tus hijos se alejen de Dios. Las posibilidades de caer son interminables, pero el resultado es casi siempre el mismo: es como si una maldición estuviera sobre tu vida.

No solo tu propio corazón te condena, sino que también hay otros que conocen tu falla, cuyas voces de crítica te convencen de tu naturaleza desesperanzadora. La censura pública, miradas frías y actitudes de juicio tienen el mismo efecto sobre tu alma que las piedras tuvieron sobre la carne de Acán, solo que lo que muere en ti es la esperanza. Donde una vez pudiste mirar con anticipación hacia el futuro, ahora el dolor del corazón y el remordimiento bloquean la vista.

La única respuesta correcta a las acciones erradas y sus consecuencias es la obra transformadora del Espíritu Santo.

Lamentablemente, el enemigo tiene a muchos cristianos atrapados en la incredulidad y la auto-condenación. Ellos saben que lo que hicieron está mal y lo odian, pero no pueden desprenderse por ellos mismos de la culpa.

Recuerda, nuestro Redentor vino para proclamar libertad a aquellos que son “prisioneros” (mira Isaías 61:1). ¿Está Él hablando solo a quienes están encarcelados por rejas? No. Su misión es para todos nosotros quienes somos prisioneros de nuestros fracasos pasados. Dios desea que aprendamos de nuestros errores, no que permanezcamos cautivos en ellos. Jesús vino a liberar y restaurar a quienes cuyos sueños yacen enterrados en el valle de Acor.

Tragedia Personal.

Las cargas que llevamos puede que no tengan nada que ver con la caida moral. Pueden venir de cualquier número de calamidades de vida.

Una de los peores sufrimientos para el alma es la muerte de un ser amado. Tal perdida puede dejarnos con una carga excesiva y atrapados en el pasado. La historia del padre de Abraham, Térah, nos da una visión detallada de un hombre que no pudo superar la pérdida de un ser amado.

Térah tenía tres hijos: Abram, Nahor y Harán. La Biblia nos dice, “Harán, el padre de Lot, murió en Ur de Caldea, antes que su padre Térah” (Gen. 11:28 DHH). Perder a tu hijo puede producir un terrible dolor; tenerlo muerto en tus brazos puede ser altamente devastador.

Con el tiempo, Térah tomó a su familia y salió de Ur de los Caldeos en busca de un nuevo destino en Canaán. En el camino, sin embargo, Térah tuvo que pasar una ciudad con el mismo nombre que su hijo fallecido. Harán. En lugar de continuar hacia Canaán, la Escritura dice que Térah “cuando llegaron a la ciudad de Harán, se quedaron a vivir allí” (v 31)

Añorar a un ser amado que se fue es normal. Sin embargo, las tragedias de la vida también tiene una manera de obligarnos a una falsa lealtad que nos impide liberarnos del dolor. Sin notarlo, una cara en un aeropuerto o una canción en la radio, desborda nuestro corazón, y de pronto somos sobrecogidos por la tristeza. Tan rápidamente entramos al lugar de nuestro dolor; ¡así de fácil es quedarnos allí!

“Y Térah murió en Harán” (v 32). No solo Térah se quedó en Harán, sino que también murió allí. El verso es tanto profético como significativo. Tal vez era un falso sentimiento de culpabilidad que lo mantuvo allí: Si tan solo yo hubiera hecho tal cosa o tal otra, mi hijo no habría muerto / Cualquiera sea la razón, Térah no fue capaz de vivir más allá de la muerte de Harán.

Debemos también ver eso, tan doloroso como la pérdida de un ser amado es, que no podemos permitir que las heridas de nuestro pasado anulen lo que Dios tiene para nosotros en nuestro futuro. Aun si entramos cojeando, no debemos quedarnos con algo fuera de nuestro destino. La gracia de Dios está aquí ahora. Con Su ayuda, debemos elegir llegar hacia Canaán o moriremos en Harán.

Un Tiempo Para Sanidad.

Estas dos cosas, el fracaso personal y la tragedia personal, pueden traer crueles cargas de depresión y culpa sobre nuestras almas. La respuesta de Dios a nuestra necesidad es que, además de perdonar nuestro pecado, Él ha puesto sobre Cristo “la maldad de todos nosotros” (Isaías 53:6 DHH). Sean o no nuestras culpas justificadas, deben ser quitadas de nuestros hombros y puestas en Cristo.

Hoy en día una renovación está ocurriendo en muchas partes del mundo; Dios está restaurando el gozo de Su pueblo. Muchos a quienes el Señor ha tocado se han sobrecargado – así como tal vez tú – con fracasos morales o tragedias. En el mismo lugar donde nuestras esperanzan pospuestas produjeron dolor en el corazón, Cristo está aquí “a aliviar a los afligidos” (Isaías 61:1. DHH). Donde una vez hubo tristeza y pesadez, Él da “una corona en vez de ceniza, perfume de alegría en vez de llanto, cantos de alabanza en vez de desesperación.” (v. 3)

Asistir a la iglesia no será más una penitencia por tus fracasos. Desde ahora en adelante entrarás por Sus puertas con agradecimiento. Verdaderamente, para cada cristiando que está peleando con una carga que no puede sobrellevar, el Señor dice, “Yo la voy a enamorar: la llevaré al desierto y le hablaré al corazón. Luego le devolveré sus viñas, y convertiré el valle de Acor en puerta de esperanza para ella. Allí me responderá como en su juventud, como en el día en que salió de Egipto.”

El fruto de la bendición de Dios desde este día se incrementará en tu vida. Y allí, en el “valle de Acor” – la escena de tus más profundas heridas o peores fracasos – el Señor ha puesto para ti una “puerta de esperanza.” Su meta no es nada menos que restaurar para ti la canción del Señor, que puedan cantar una vez más “como en tu juventud.”

Vía: Charisma Magazine

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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