Power Up - Spiritled Woman

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Después de muchos años de decorar nuestro hogar con muebles de segunda mano, mi esposo y yo pudimos comprar algunos nuevos para la sala de estar. Finalmente tuve la oportunidad de seleccionar algo que realmente nos gustó, un hermoso sofá azul celestial.

Estábamos en el trabajo cuando se hizo la entrega del mobiliario, así que nos apresuramos a llegar a casa para ver nuestro juego de sala soñado. Imagina mi sorpresa cuando llegué y vio una sala de estar color azul marino, en lugar del azul celeste que habíamos visto en la sala de exposición.

Una amiga y mentora me aconsejó reclamar firmemente lo que me prometieron. Me recordó que este era un tiempo de bendición para nosotros, y debería contactar a la tienda y pedirles que rectifiquen la situación. Después de todo, estábamos pagando por ello.

Seguí su consejo y regresé a la tienda para ver al vendedor y el juego de sala que pensábamos que habíamos comprado. El vendedor nos aseguró que ellos querían que estuviéramos completamente satisfechos y que se hicieran los ajustes para que eso ocurriera.

A petición suya, al día siguiente llevamos uno de los cojines oscuros, para comparar con el juego que estaba en exposición. Aquí está la prueba, pensé. Mi esposo permaneció estoicamente a mi lado, mientras colocábamos cuidadosamente el cojín al lado del sofá en la sala de exposición.

Para nuestro pesar, los colores eran perfectamente los mismos. Lo que se veía tan oscuro en mi sala de estar, era de un azul celestial brillante en la sala de exposición. ¿Cómo podía ser? ¿Qué podría haber hecho una diferencia?

Estaba tan segura de mi “Verdad” que nadie podría haberme convencido de lo contrario, hasta que me quedé bajo las brillantes luces de la sala de exposición y lo vi por mí misma. Este realmente era el juego que ordenamos. Llegué a la conclusión de que no conseguí lo que me prometieron simplemente porque no se veía de la manera que esperaba que se viera en mi espacio. ¡Era mi equivocación!

A veces, vemos las promesas de Dios de esa manera. Sacamos conclusiones basadas en la luz que se ha filtrado a través de nuestras experiencias pasadas, en lugar de Su verdad. Nos colocamos en el lugar del dolor simplemente porque creemos algo que no es verdad como si lo fuera. Por ejemplo, podemos estar convencidos en nuestra propia mente que Dios ama a todos, excepto a nosotros, pues nunca nos hemos sentido amados en nuestro pasado. Esa no es Su verdad, pero nosotros creemos, sentimos y vivimos como si lo fuese.

Yendo más lejos, algunas personas creen que viviendo una buena vida, haciendo obras de caridad o incluso, volar por los aires a fin de destruir a los “Infieles,” se ganarán un lugar en el cielo. Otros están convencidos de que no hay verdad y que toda verdad es relativa, así que no importa lo que creas. Esa es su percepción, pero no es la verdad.

Tuvo que aparecer la luz brillante en la tienda para revela lo que realmente estaba allí. Yo abracé esa verdad y fui a casa para disfrutar mis nuevos muebles. Pero la experiencia me hizo darme cuenta de cuán rápidos somos para creer nuestras propias percepciones, y cuán vulnerables somos al engaño. Podemos estar tan convencidos de algo y estar totalmente equivocados. Afortunadamente, cuando la verdad fue revelada, fue para mi bien, pero hay aquellos a quienes el engaño les lleva a nefastas consecuencias eternas.

Un día, nuestras cortas vidas habrán terminado y estaremos delante de nuestro Creador. En ese momento, la gloriosa luz del cielo brillará sobre nosotros y expondrá la verdad de quienes somos realmente. En esa luz, sabremos si somos hijos de Dios comprados con sangre, destinados a la eternidad con Él, o uno que creyó una mentira como verdad y ahora enfrenta la realidad del infierno eterno. Ese momento, la verdad traerá gozo tremendo o devastadora agonía.

La verdad de Dios es clara en Su Palabra, cuando declara que el único camino al cielo es a través de Cristo, quien es la luz del mundo (lee Juan 1:3-4). Sólo Él es el camino, la verdad y la vida (lee Juan 14:6) y solo aquellos que creen en Él, tienen vida eterna (lee Juan 6:47). La verdadera luz de Dios cambia todas las demás perspectivas.

¿Has abrazado esa verdad y al Salvador que dio Su vida por tu eterna alma? Si no lo has hecho, no esperes hasta dejar este planeta. Será demasiado tarde. ¡Hazlo ahora! Rinde tu corazón y vida a Cristo ahora mismo.

Si ya lo conoces como Salvador y Señor, comprométete a llevar Su luz y verdad a quienes desesperadamente necesitan conocer este lado de la eternidad.

Comparte el amo de Dios con alguien, llévale flores, invítalos a la iglesia o a comer, y muéstrales cuánto les ama Dios y cuánto piensa en ellos. No nos veamos envueltos en nuestras propias celebraciones, olvidando a quienes desesperadamente necesitan conocer al Salvador que dio Su vida por ellos. Deja que Su luz brille a través de ti, para que puedan ver la verdad que los hará libres.

Vía: Power Up

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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