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Michael Youssef

En el libro de Apocalipsis, el Señor Jesús le da a Juan una visión del cielo. Es una visión de consuelo y aliento para todos quienes están agobiados por los sufrimientos de esta vida.

Te garantizo que no te aburrirás en el cielo. No estarás flotando en las nubes, tocando un arpa por la eternidad. El cielo estará lleno de toda la emoción y el amor que siempre quisiste.

Pero, como el cielo puede darnos tanta esperanza, Satanás está peleando con fuerza contra él. Satanás fue arrojado del cielo; nunca se le permitirá regresar. Entonces hará todo lo que pueda para matar esa esperanza dentro de nosotros.

Puedes ver la estrategia de Satanás desarrollándose hoy en día:

En febrero de 2015, la revista Salon publicó un artículo llamado “Diez Razones Por Las Que El Cielo Cristiano Sería En Realidad El Infierno.” El escritor explica, equivocadamente, cuán aburrido e insípido será el cielo.

Incluso en nuestras iglesias hoy en día, hay muy poca predicación sobre el cielo. La mayor parte se centra en los problemas y bendiciones de esta vida, y cómo sacar el máximo provecho de ella.

¿Cuán diferentes son esas prioridades de las prioridades de la Palabra de Dios? La Biblia menciona el cielo más de 500 veces. El libro de Apocalipsis menciona el Cielo más de 50 veces.

Si crees que el cielo será una experiencia miserable y aburrida, quiero que sepas que Satanás te ha vendido una idea equivocada.

En Apocalipsis, Dios abre en su gracia, una puerta al cielo, y comenzamos a verlo en toda su gloria. Juan escribe:

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado” (Apoc. 4:1-2).

Juan describe su primera visión del Cielo – un trono con Alguien sentado en él. El trono simboliza el poder y la autoridad de nuestro Dios. Él es el Creador y Regidor de este vasto universo.

Pero lo más importante, Él debería ser el Regidor de nuestros corazones. Si vamos a renunciar al trono de nuestro corazón y poner a Cristo allí, Él entrará a nuestra vida con fuerza y poder.

Juan continúa:

“Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda. Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas” (Apoc. 4:3-4).

Juan ve a Jesús, nuestro gran Sumo Sacerdote, semejante a piedras preciosas – jaspe y coralina. Jaspe es un diamante de piedra blanca, simbolizando la gloria y pureza de Jesús. Y la coralina o rubí es una piedra de color rojo sangre simbolizando el sacrificio de Jesús. El arco iris recuerda el pacto que Dios hizo con Noé después del diluvio. Y los 24 ancianos representan las 12 tribus de Israel y los 12 apóstoles de Jesús – uniendo el Antiguo y el Nuevo Testamento.

A continuación, Juan nos da una visión de la adoración en el cielo:

“Y junto al trono y alrededor del trono había cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. Los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos, y día y noche, sin cesar, decían: ¡Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir!” (Apoc. 4:6b-8).

Aunque los ángeles continuamente proclaman, por favor te hagas a la idea de que en el cielo no haremos nada más que cantar mil coros de “Cuán grande es ÉL.”

¿Alabaremos a Dios continuamente? ¡Sí! ¿Estaremos de pie alrededor del trono, cantando coros sin fin? Difícilmente. Dondequiera que vayamos en el nuevo cielo, hablaremos con Él, le daremos gracias y le alabaremos. Con cada nuevo descubrimiento, con cada nueva maravilla, nuestros corazones se gozarán en alabanzas.

Si temes que el cielo sea aburrido, considera esto: El mismo Creador que nos dio la increíble belleza de lugares como el Gran Cañón, es Aquel que creará el nuevo cielo. Si hay tanta belleza en un mundo afligido por el pecado, ¡imagina cómo será el cielo!

Todo Nuevo

Una de las más importantes revelaciones que Juan recibe, es que el Cielo que pensamos hoy, no es el cielo final, el cielo eterno que Jesús prometió que preparará para nosotros.

Como Juan escribe en Apocalipsis 21:1: “Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían pasado y el mar ya no existía más.”

Dios va a empezar de cero. En Apocalipsis 22:5, el Señor le dice a Juan: “Estoy haciendo nuevas todas las cosas”

Este será el cumplimiento de la profecía de Isaías:Porque he aquí que yo crearé
nuevos cielos y nueva tierra. De lo pasado no habrá memoria ni vendrá al pensamiento” (Isa. 65:17).

Pero esa no es la única nueva creación de Dios. Juan sigue con una visión que debe haberle quitado el aliento:

“Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de parte de Dios, ataviada como una esposa hermoseada para su esposo. Y oí una gran voz del cielo, que decía: «El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron” (Apoc. 21:2-4).

La Santa Ciudad, la Nueva Jerusalén, es la nueva capital de Dios. La Nueva Jerusalén viene del cielo, y Dios anuncia que Su morada está ahora entre la gente. Él enjugará toda lágrima, y ya no habrá más muerte.

Si tu corazón está afligido en estos días, tengo maravillosas noticias para ti: Jesús mismo enjugará todas tus lágrimas y se llevará tu tristeza.

En medio de esta visión, el Señor le da a Juan un mensaje para toda la gente:

“Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, le daré gratuitamente de la fuente del agua de vida. 7 El vencedor heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo” (Apoc. 21:6b-7).

Jesús quiere que todos tengan la oportunidad de recibirle como Señor y Salvador.

Si el libro de Apocalipsis enseña algo es que, nuestras decisiones de hoy, determinarán nuestro futuro. Nuestro destino eterno será en el cielo con Jesús – o en el infierno con Satanás. No hay una tercera alternativa. Pues si Dios no juzga el pecado y la desobediencia, ¿por qué Jesús tuvo que morir?

Desesperadamente Él quiere que todos sean salvos. Pero no está dispuesto a salvar a la gente en contra de su voluntad.

Un vecino mío enseña una clase en una iglesia. Recientemente me dijo, “Hemos estado hablando acerca de la doctrina del infierno. Y todos en esa clase están de acuerdo en que Dios es simplemente demasiado amoroso para condenar a alguien al infierno.”

Quedó atónito cuando le respondí, “Estoy completamente de acuerdo. Dios es demasiado amoroso para condenar a alguien al infierno. Es por eso que envió a Jesús a la cruz. Él no está dispuesto a que la gente perezca. Pero las personas tienen el asombroso y aterrador poder de la libre voluntad. Si ellos rechazan el regalo de la salvación, se condenan a sí mismos al infierno.”

Una Visión Para Levantar Nuestras Cargas

Después de que la Nueva Jerusalén desciende, un ángel le dice a Juan, “Ven, te mostraré la novia, la esposa del Cordero.”

El ángel lleva a Juan a una montaña para ver la Nueva Jerusalén. La ciudad está brillantemente iluminada por la gloria de Dios, brillando como una joya resplandeciente. Tiene 12 puertas que simbolizan una vez más, las 12 tribus de Israel, y tiene 12 bases, representando a los 12 apóstoles.

Luego, el ángel le da a Juan las dimensiones de la ciudad – ¿estás listo para esto? – 2,250 Km de largo por 2,250 Km de ancho por 2,250 Km de alto.

En la Nueva Jerusalén, no hay templo, porque “el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo” (Apoc. 21:22). No hay sol ni luna porque “la gloria de Dios les da luz, y el Cordero es su lumbrera” (Apoc. 21:23). Y el Río de Vida, claro como el cristal, fluye “desde el trono de Dios y del Cordero, en medio de la calle de la ciudad” (Apoc. 22:2).

Y maravillosamente, en la Nueva Jerusalén, encontraremos ¡el Jardín del Edén restaurado! Allí, el Árbol de la Vida llevará “doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.” (Apoc. 22:2).

Mejor aún, entre la increíble abundancia, cada uno tendrá un trabajo significativo y emocionante para hacer. Juan nos dice que serviremos a Dios en el nuevo cielo. Nuestro trabajo, puede que nos lleve a galaxias distantes, y reinaremos con Dios por los siglos de los siglos (Apoc. 22:5).

Hoy en día, puede que estés cargando el peso de un gran piano Steinway en tu espalda. Podría ser una enorme carga de culpa, sufrimiento o preocupación. Sea lo que sea que estés cargando, una visión del cielo levantará tu carga.

Si evitas lo que la Biblia enseña acerca del cielo, te estás perdiendo una de las grandes bendiciones de Dios. La expectativa del cielo nos permite elevarnos por encima de los problemas y frustraciones de esta vida terrenal.

Si nunca has esperado el cielo con gran anhelo, espero que estés empezando a albergar la emoción ahora mismo. Espero que comiencen a pensar cada día en el cielo. Y espero que, al irte a dormir cada noche, tus últimos pensamientos sean oraciones de gratitud por el maravilloso regalo del mundo que viene.

Vía: www.charismanews.com

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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