michaelphelps

ERIC METAXAS

Uno pensaría que las cosas siempre fueron de maravilla para el titular de la medalla de oro olímpica, Michael Phelps. Pero no fue así: hasta que encontró su propósito.

En los meses e incluso años previos a los Juegos Olímpicos de Río de este año, la mayor parte de las noticias acerca de Michael Phelps, eran malas. En septiembre de 2014, fue arrestado por conducir bajo los efectos del alcohol, en su ciudad natal de Baltimore.

Parecía que los mejores días para él, tanto dentro como fuera de la piscina, quedaban atrás.

Pero no fue así, y creo que puedes suponer por qué.

Como probablemente sabes, Phelps llevó la bandera de los Estados Unidos durante la ceremonia de apertura del viernes 5 de agosto. Entonces, como se ha registrado, ha añadido tres medallas de oro a una impresionante marca de toda una vida, siendo ahora 21.

Para decirlo suavemente, ambas cosas eran poco probables para él, hace menos de dos años.

Como Phelps le dijo a ESPN, después de su anunciado retiro en el 2012, él luchó por “descubrir quién era fuera de la piscina.” En sus palabras, “estaba en un choque de trenes. Era como una bomba de tiempo, a punto de estallas. No tenía autoestima. Había momentos en los cuales no quería estar aquí. No fue bueno. Me sentía perdido.”

Al igual que mucha gente luchando con sentimientos similares, se auto-medicaba.

En el período inmediatamente posterior al arresto, se aisló de su familia y seres queridos, y “pensaba que el mundo estaría mejor, sin mi… Imaginé que era lo mejor que podía hacer – simplemente terminar con mi vida.”

Fue entonces cuando un amigo llegó a su rescate: un ex jugador profesional de fútbol americano, Ray Lewis, a quien Phelps considera como un “hermano mayor.” Viendo la desesperanza y desesperación en su joven amigo, Lewis, abiertamente cristiano, le dijo, “Aquí es cuando peleamos… aquí es cuando aflora el verdadero carácter. No te cierres. Si te cierras, todos perdemos.”

Lewis convenció a Phelps a entrar en rehabilitación y le dio un libro para que lea mientras estuviera allí: “La vida con Propósito,” de mi amigo Rick Warren.

El libro cambió la vida de Phelps. Al cabo de unos días, Phelps llamó a su amigo y le dijo “Hombre, este libro es una locura… lo que está pasando… Dios mío… mi cerebro, no puedo darte las gracias lo suficiente… Salvaste mi vida.”

Phelps le dijo a ESPN, el libro de Rick Warren “me llevó a creer que hay un poder más grande que yo mismo, y hay un propósito para mí en este planeta.”

El libro, el cual les dice a los lectores que “las relaciones siempre son dignas de restaurar,” también convenció a Phelps de reconciliarse con su padre, de quién había estado distanciado por más de dos décadas. Al verse el uno al otro, se abrazaron.

Al escribir este artículo, Phelps todavía tiene dos oportunidades más de medalla, pero su historia de esperanza y restauración, realmente no necesita ningún adorno más – usando una de mis palabras favoritas, es lo suficientemente milagroso.

La historia de Michael Phelps es un recordatorio de que, no importa cuán desastrosa pueda estar tu vida, y no importa cuán tenue brillen los últimos rescoldos de esperanza, Dios todavía está allí. Es también un recordatorio del papel que el pueblo de Dios está llamado a jugar, como portadores de esperanza y agentes de restauración.

Los resultados pueden no ser tan dramáticos como en la historia de Phelps, pero tendrá el mismo significado.

Vía: LifeNews

Acerca de Toto Salcedo

Comunicador Radio-TV RR.SS Libro: Revolucion desde adentro Pastor EKKLESIA

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