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Jennifer LeClaire

En los círculos de guerra espiritual, nos encanta Deuteronomio 28:7: “El Señor vencerá a tus enemigos cuando te ataquen. ¡Saldrán a atacarte de una sola dirección, pero se dispersarán por siete!

Puedo escuchar a algunos de ustedes, diciendo “amén” en este momento. Pero ¿y si el diablo no ataca solo desde una dirección? ¿Y si viene a ti desde siete direcciones, en un ataque que toca todos los ámbitos de tu vida y trabaja todo el tiempo en tu mente? ¿Y si la buena batalla de la fe no parece tan buena en ese  momento?

¿Y si has hecho todo lo que puedes y has permanecido de pie, resistiendo, pero sientes que no podrás soportar mucho más tiempo? ¿Y si has resistido al diablo y te has sometido a Dios, pero el enemigo simplemente no está huyendo? ¿Y si te has arrepentido por cualquier puerta abierta, confesando la Palabra de Dios, decretando, declarando, haciendo que la oscuridad retroceda, ejerciendo el atar y desatar en el cielo, mandando al enemigo a cesar y desistir operaciones, y todavía no has logrado nada?

Reconociendo el ataque

Antes de poder conquistar un ataque, tienes que discernirlo. Suena simple, pero no siempre es intuitivo. El Diccionario Webster Revised Unbridged define “ataque” como una embestida; un asalto furioso o asesino; una batalla sangrienta. Merriam-Webster va más allá, y lo llama “un ataque violento; un ataque especialmente feroz. Un bombardeo, una incursión, rápida y de un golpe.

Entonces, una vez más, ¿qué hacer cuando el ataque se está manifestando y has hecho todo lo que sabes hacer, y nada de eso provoca alguna diferencia? ¿Qué haces cuando tu escudo de fe está demasiado pesado para levantarlo, te has quitado de un tirón los zapatos de la paz, y tu espada del Espíritu parece demasiado desafilada para cortar a través de la brujería? ¿Qué haces cuando no es a mil, ni dos mil, sino diez mil a quienes tienes que hacer huir?

Una vez que has reconocido el ataque como lo que es, primero debes rechazar ceder al espíritu de temor que viene con el ataque. En segundo lugar, tienes que dejar de mirar el ataque, dejar de pensar en el ataque, dejar de hablar del ataque, y en su lugar, mirar al Señor. Proverbios 3:25-26 muestra esta verdad: “No hay por qué temer la calamidad repentina ni la destrucción que viene sobre los perversos, porque el Señor es tu seguridad. Él cuidará que tu pie no caiga en una trampa.”

El consejo estratégico de Pablo

Pablo el apostol, no fue ajeno al ataque del enemigo. Cinco veces fue azotado con 39 latigazos. Tres veces fue golpeado con varas. Fue apedreado una vez y naufragó tres. Durante su viaje, a menudo estuvo en peligro en aguas profundas y en medio de ladrones; a menudo en peligro en la ciudad y en el desierto; y ni siquiera podía contar con sus propios compatriotas para que estén con él. Pablo, el apóstol, a menudo pasó hambre y sed, con frío y desnudo – ¡y aun así llevó la carga de la iglesia por encima de todo!

A pesar de todo esto, el consejo de Pablo fue claro: “No se dejen intimidar por sus enemigos de ninguna manera. Eso les será por señal a ellos de que serán destruidos, mientras que ustedes serán salvos, aún por Dios mismo.” (Fil. 1:28). Como ves, Pablo sabía que la fe en Dios era la única manera de atravesar. Él sabía que confiar en el poder liberador de Dios era la única salida. Sabía que el temor y la fe no pueden coexistir en el mismo corazón. Sabía que Dios finalmente lo libraría, si solo creía lo que Dios había dicho. Cuando Pablo estaba en un barco que se hundía, les dijo a sus captores:

“¡Pero anímense! Ninguno de ustedes perderá la vida, aunque el barco se hundirá. Pues anoche un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo estuvo a mi lado y dijo: “¡Pablo, no temas, porque ciertamente serás juzgado ante el César! Además, Dios, en su bondad, ha concedido protección a todos los que navegan contigo”. Así que, ¡anímense! Pues yo le creo a Dios. Sucederá tal como él lo dijo.” (Hechos 27:22-25).

Negarse a hacer estas tres cosas

El temor vino a su puerta durante el ataque, pero ellos se negaron a renunciar. Se negaron a creer en lo que sus ojos naturales veían, lo que sus emociones volubles sentían, o lo que escuchaban en su imaginación. Escogieron confiar en Dios y seguir esperando en Su voluntad.

En esencia, un ataque es el enemigo que llega como una inundación. Así que, ¿qué haces cuando el ataque del enemigo viene desde siete direcciones, hacia tu mente, tu salud, tu familia, tus finanzas, tus propiedades físicas, tus amistades y más? Te sostienes en estas palabras de Isaías 59:19, acerca de nuestro Señor Guerrero, quien está peleando por nosotros: “En el occidente, la gente respetará el nombre del Señor; en el oriente, lo glorificará. Pues él vendrá como una tempestuosa marea, impulsado por el aliento del Señor.”

Sí, tenemos que arrepentirnos, resistir, declarar, decretar, mandar, atar, desatar y permanecer, pero finalmente, la batalla es del Señor. Podemos rechazar las voces sutiles del temor que tratan de robar nuestras fe, y confiar en Él, para vernos atravesar la victoria, pues Él siempre nos lleva a victoria en Cristo (2 Cor. 2:14). Siempre. Así que, sigue de pie.

Vía: www.charismamag.com/blogs

 

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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