Image copyright Catherine Lane 2015

Cuando me rendí al llamado de Dios, hace varios años, lo hice con seriedad, pues sabía que estaba entrando en una misión peligrosa. A pesar de lo que puedes escuchar de algunos predicadores prósperos, vistiendo trajes de seda y maquillaje recargado, el ministerio no es tan glamoroso, ni está libre de riesgos.

Cuando respondes al llamado de Dios, pones tu vida en peligro. Sólo pregúntale al apóstol Pablo que les dijo a los Gálatas, “De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús.” (Gál. 6:17). La palabra griega para “marcas” es stigma, y se refiere a las marcas que eran quemadas en la carne de un esclavo, para mostrar a quién pertenecía.

Pablo estaba diciendo, “Tengo las cicatrices que prueban que sirvo a Jesús.”

El ministerio tiene una larga lista de riesgos laborales, y sería injusto para cualquier joven líder de hoy en día, si no le advierto sobre lo que podría pasar en el trabajo. No estoy compartiendo esto para asustar a nadie. Pero si la Administración de Seguridad y Salud Laboral puede exigir a las empresas que muestren un cartel para fomentar la seguridad del lugar de trabajo, nosotros deberíamos al menos leer esta lista de riesgos ministeriales, cuando los líderes son ordenados.

Para todos mis jóvenes amigos que están considerando una carrera ministerial, ofrezco estas advertencias:

  1. El diablo te atacará a ti y a tus seres amados. No me enfoco en el diablo o sus demonios, pero es tonto ignorar los esquemas del infierno. Satanás odia a los ministros. Estás en una guerra, y tu enemigo juega sucio. Debes aprender a pelear tanto defensiva como ofensivamente, si esperas ganar.
  2. La gente religiosa te odiará. Jesús y Pablo, ambos demostraron que la persecución llega, no solo de los no creyentes mundanos, sino de los santos auto-justificados, que piensan que están haciéndole a Dios el favor de desacreditarte. La gente religiosa odia el cambio. Muchos pastores que conozco, han sido masticados y escupidos por gente mezquina, que amaron sus vacas sagradas, más que a Jesús. Los líderes de Dios deben tener las agallas para desafiar la tradición muerta y el statu quo.
  3. Enfrentarás el desaliento a menudo. La predicación es un único esfuerzo que requiere que te apoyes plenamente en Dios para una palabra del cielo. ¡No es de extrañar que sea emocionalmente agotador! Charles Spurgeon les dijo a sus estudiantes que, a menudo, se deprimía después de una intensa ministración. Escribió: “¡Cuán a menudo, en las noches y días del Señor, sentimos como si se nos hubiera drenado la vida! Después de derramar nuestras almas sobre nuestras congregaciones, sentimos como vasijas de barro vacías, que podría romper un niño.” No te sorprendas cuando lleguen los sentimientos de pesadez.
  4. Tu orgullo será herido. Puede que pienses que tu sermón estuvo asombroso, pero algunas personas bostezarán, otras se dormirán y otras te recordarán los puntos que no mencionaste. No dejes que la crítica te amargue; permítela clavar tu carne en la cruz, de modo que puedas recordar que el ministerio no se trata de ti, de todas maneras.
  5. Tu corazón se romperá. Puede que inviertas tu tiempo y energía en la gente que, con el tiempo, se alejará sin siquiera dar las gracias. Algunas veces, un discípulo cercano puede probar ser un Judas. No dejes que el desánimo de haga cerrar el corazón a la gente. Sigue amando y dando, a pesar del dolor.
  6. Tus rodillas se harán callosas. Cualquier buen líder sabe que la oración es el combustible que lo mantiene. Mientras las manos se levanten al cielo, y el corazón se incline, el aceite del cielo no se acabará. Nunca dejes que la llama de la oración salga de tu vida personal.
  7. Tus prioridades cambiarán. Para mí, el llamado de Dios incluía viajar – lo que significó pasar mucho tiempo lejos del hogar. Personalmente, preferiría dormir en mi propia cama que en una extraña en Nigeria o India, pero cuando oras, “Heme aquí, Señor, envíame a mí,” no tienes el lujo de correr bajo tu propio horario. Tu vida ya no es tuya.
  8. Tus sueños y ambiciones serán malentendidas. José fue arrojado en un pozo después de compartir su sueño. Los hermanos de David cuestionaron sus motivaciones cuando fue a la batalla a desafiar a Goliat. Cualquier que intente grandes cosas para Dios, será difamado. Si estás preocupado acerca de tu reputación, quieres que alguien diga cosas lindas sobre ti, no sigas la carrera del ministerio.
  9. Tu fe será estirada hasta el punto de romperse. Dios dio a Moisés un palo, y le dijo que partiera el Mar Rojo. Le dijo a Gedeón que ganara una batalla con 300 soldados mal equipados. Los líderes que están siguiendo al Espíritu, serán constantemente desafiados a mirar más allá de las circunstancias naturales, y a creer en la habilidad sobrenatural de Dios. Esto nunca es cómodo. Jesús nos llama a salir del bote y pasar a las aguas. Acostúmbrate a eso.

10. Tu carácter será probado al calor del horno de Dios. El trabajo del Refinador, nunca termina. Estas involucrado en un proceso celestial, y vas de un nivel de gloria al siguiente. El Espíritu te regresará regularmente al calor de la prueba de tus motivaciones, del ajuste de tu actitud, y del cincelar de tu carácter, hasta que seas como Cristo. Los mejores líderes han aprendido a vivir en el fuego, de modo que pueden ser ejemplos para el rebaño.

Vía: Charisma Magazine

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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