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En los últimos años, me ha entristecido profundamente el observar a creyentes a mi alrededor, quedar golpeados por el enemigo, a través de su negligencia, falta de dominio propio y decisiones equivocadas. Aunque Satanás es el autor de todo lo malo que sucede, no podemos continuar culpándole por todo.

Semanalmente, me estoy reuniendo con esposas de ministros y familias en el ministerio, que no han prestado atención a las advertencias del Espíritu Santo. Pues se han negado a cortar con influencias o relaciones equivocadas, y se han visto aspirados innecesariamente, en una red de engaños, enviado sus vidas hacia una espiral descendente.

En uno de estos casos, la esposa de un pastor, relató una historia acerca de cómo su esposo se había sentido atraído hacia una miembro de su planta de consejeros. La otra mujer, una “profetisa,” era parte de un círculo interno que, junto con el pastor, manejaban la iglesia. Estos eran considerados los miembros más espirituales de la iglesia.

La esposa del pastor, una madre ama de casa, se había vuelto menos agresiva en su búsqueda de Dios. No estaba leyendo su Biblia, ni orando regularmente.

Como resultado, su marido sintió que ella no era capaz de escuchar a Dios, y que no iba a prestar atención a ninguno de sus consejos. Él estaba engañado.

Es obvio, a partir de los informes que leemos, e incluso nuestra propia experiencia, que el Espíritu Santo está siendo derramado ahora sobre la tierra en cada nación. Estamos viviendo un tiempo en el que multitudes están siendo salvas por todo el mundo.

Sin embargo, muchos creen que este tiempo es lo que 2 Timoteo 3:1 describe como “tiempos peligrosos” de los últimos días, en los cuales, el engaño espiritual florecerá. Muchos pasajes en el Nuevo Testamento, nos advierten acerca de un engaño tan extendido que hace que incluso aquellos que parecen estar firmemente establecidos en la fe, sean alejados de la verdad.

EL CURSO DEL ENGAÑO

Una noche, en enero de 1990, el Señor me despertó. Dentro de mi espíritu escuché Su voz.

Dijo, “Te has preguntado cómo los elegidos podrían ser engañados. Te has preguntado cómo la gente que pertenece a iglesias fuertes… y aparentan ser cristianos estables, podrían ser engañados en los últimos días.

“Verás algunos cristianos que aparentan estar establecidos y ser fieles asistentes a la iglesia, alejarse de Mí,” continuó. “Algunos serán restaurados al reconocer su pecado y arrepentirse. Otros, se endurecerán, rechazando el arrepentimiento. Sus vidas serán destruidas, pero lo peor de todo, irán al infierno.”

Dios me mostró que las raíces del engaño son el orgullo y el egocentrismo (lee Abdías 3). Estas fueron las razones de la caída del cielo de Satanás (lee Isaías. 14:12-15; Ezequiel 28:12-17).

El orgullo no puede ver su propia debilidad o equivocación. El egocentrismo ve solo su propio deseo.

Dios “resiste al soberbio, pero da gracia al humilde” (1 Pedro 5:5). El humilde es aquel que sabe cuán dependiente es de Dios.

Una vez que el orgullo y la autosuficiencia echan raíz, a menudo abrimos la puerta al engaño en estas cuatro formas:

  1. Descuidando el tiempo en la Palabra de Dios. Cuando buscamos la Palabra de Dios como nuestra sabiduría diaria, Dios será capaz de obrar Su voluntad en nuestras vidas. Todo en nuestra vida será juzgado a través y alineado con Su Palabra.

Su Palabra expone la carne y demanda que se solucione. También nos ayuda a discernir entre nuestra alma – mente, voluntad y emociones – y nuestro espíritu – el hombre interior donde Dios nos habla (lee Heb. 4:12).

La Palabra de Dios nos ayuda a discernir si nuestras motivaciones son correctas o egoístas. Nos convence cuando estamos equivocados y nos enseña a cómo vivir bien.

Jesús dijo a Sus seguidores que, a fin de ser Sus verdaderos discípulos, debemos permanecer en Su Palabra. Entonces, ellos conocerían la verdad, y la verdad los haría libres (lee Juan 8:31-32). Permanecer en la Palabra de Dios significa, no solo leerla y escucharla en una prédica, sino también tomar la decisión diaria de vivir por ella, y en cada aspecto de la vida, permitirle ajustarnos de acuerdo a ella (lee Stgo. 1:22-25).

  1. No tener una vida diaria de oración. La oración no es solo lo que hacemos durante un tiempo devocional diario, o justo antes de cada comida. Es una comunicación abierta, de ida y vuelta, todo el día y noche, en la cual, Dios y Sus criaturas se hablan y escuchan mutuamente.

1 Pedro 4:7 advierte, “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.” En otras palabras, ¡nunca dejes de orar!

La Biblia dice que Daniel tenía el hábito de orar tres veces diariamente (lee Dan. 6:10). Por año, él y su pueblo fueron cautivos en otros reinos, sin embargo, él mantuvo su relación de oración con Dios, y fue una poderosa influencia.

El rey consideró a Daniel como un sabio. Tenía un excelente espíritu, y la gente no pudo encontrar nada en su vida por lo cual acusarle, más que su devoción por Dios (lee Dan. 6:4-5).

El capítulo 10 relata un incidente en el cual, Daniel oró ininterrumpidamente por 21 días. Después de ello, un ángel se le apareció, diciéndole que fue enviado el primer día que Daniel oró, y que había peleado con el príncipe de Persia, todo el tiempo.

Debido a la persistencia en oración de Daniel, el ángel se unió al arcángel Miguel. Juntos, vencieron al príncipe demoníaco y entregaron la respuesta a Daniel (Lee Dan. 10:1-13).

En la oración, Dios hablará a nuestro corazón, con pensamientos o advertencias. Pero si no hay oración, resultará en una oportunidad para la tentación o debilidad (Lee Mateo 26:41).

Descuidar la oración también lleva a la torpeza espiritual, lo que dificulta nuestra habilidad para tomar buenas decisiones. Si vamos a salir adelante, necesitaremos hablar con nuestro Creador y Salvador a lo largo de cada día.

  1. No relacionarnos correctamente con Dios y los demás. Dios me dijo que, hay muchos cristianos que asisten a la iglesia ahora, que caerán y se alejarán, porque no tienen una relación correcta con Dios o el cuerpo de Cristo. Con el tiempo, algunos, o dejarán de asistir a la iglesia, o cambiarán frecuentemente de iglesia, y nunca echarán raíz en una iglesia local.

Tener una correcta relación con Dios, significa rendirnos a Él, y ponernos bajo Su autoridad. Es someterse a Su Palabra, todo el consejo de la Palabra de Dios, no solo las partes que nos gustan.

Más que una simple comunión, que puede ser simplemente una reunión de gente con un interés común, estar correctamente relacionado con el cuerpo de Cristo, requiere sumisión a otros en el temor del Señor (lee Efe. 5:21). También necesita nuestra sumisión al liderazgo de la iglesia loca (lee Heb. 13:17).

Cada persona necesita humillarse y permitir el aporte de otros en su vida. Nadie tiene todas las respuestas, y nadie es tan autosuficiente que no necesita a otras personas alrededor, a fin de crecer en el Señor.

La sumisión requiere humildad. Dios no nos humilla; nosotros debemos humillarnos. Entonces, nos someteremos a la dirección, pensamientos, correcciones de Dios, y al fluir de Su Espíritu (lee Santiago 4:6-7).

Cuando estás en sumisión a Dios, puedes resistir las tentaciones del diablo y las pruebas, y vencerlas como Jesús lo hizo (Lee Mateo 4:1-11).

Otra área de correcta relación implica el hogar. En Efesios 5:22-23, Pablo dije que las esposas se sometan a sus propios esposos “como al Señor” (“como al Señor” te libera de someterte a cualquier cosa que sea inmoral, abusiva o en contra de los principios de Dios).

Una esposa querrá amar y respetar a su esposo y ser de ayuda para él. Un esposo que verdaderamente ama a su esposa, como Cristo ama a la iglesia, continuamente entregará su vida por ella. Sus deseos y opiniones se harán flexibles de modo que pueda hacer lo mejor para su esposa e hijos.

Finalmente, estar correctamente en relación con Dios, es caminar en Su paz y Su amor incondicional, lo que sirve como el fundamente para todas nuestras relaciones. La clase de amor de Dios – ágape – unirá a la gente de todas las denominaciones y culturas.

Es un amor a pesar de, no debido a. Y forjará la clase de devoción el uno al otro, que Dios está buscando, y nos obligará a ir más allá de nosotros mismos para bendecir y beneficiar a otros.

  1. Recibir sin dar. Me he dado cuenta que cuando la gente se sienta semana tras semana, recibiendo los mensajes, pero nunca los entrega, se convierten en sordos espiritualmente, críticos y rápidos para juzgar a otros. Típicamente, comienzan a actuar como si tuvieran el suficiente conocimiento, y pueden vivir con ese conocimiento hasta que mueren.

Dar es más que dar testimonio, o entregar nuestro dinero a la obra de Dios. También implica que rindamos nuestras vidas delante de Jesús, a fin de compartir con otros lo que hemos recibido.

Si el cuerpo de Cristo hubiera tenido solo miembros egocéntricos que no tenían sentido de responsabilidad por la gente que les rodeaba, el cristianismo nunca se habría esparcido por el mundo, y finalmente, hubiera muerto.

Jesús dijo, “De gracia recibisteis, dad de gracia” (Mat. 10:8). Por la gracia de Dios, hemos recibido los dones de la salvación, el perdón, la libertad, sanidad, restauración, y más. Debe ser ahora nuestra misión como creyentes, dar a otros las verdades que hemos recibido, para que puedan escapar del infierno, llegar al cielo y experimentar todo lo que Jesús quiere en sus vidas. Este es el tiempo de escuchar la voz amorosa de Dios y no hacerla a un lado.

Hay una alarma que está sonando para quienes escuchen. El tiempo es demasiado corto para vivir fortuitamente – descuidando el estudio de la Palabra, la oración personal y la comunión íntima con Dios y Su iglesia. Además, debemos buscar continuamente ayudar a otros a ver la verdad, o quedaremos en una forma de religión muerta, sin la vida de Dios.

Mientras que somos receptivos a la obra maravillosa del Espíritu Santo en nuestros días, debemos estar vigilantes en esta hora. Nuestro propio bienestar, así como la salvación de otras personas, dependen en cuán alerta espiritualmente estemos.

En lugar de caer, si guardamos nuestros corazones de perder el ferviente amor por Jesús y Su Palabra, y mantener un corazón de siervo, podemos mantenernos en la fe. Podemos también ayudar a aquellos a quienes estamos llamados a influenciar, para evitar que se enfríen, entibien o endurezcan.

Aquellos que escuchan y obedecen lo que el Espíritu de Dios está diciendo, sentirá una urgencia en esta hora, de hacer cualquier cambio que sea necesario. Si no existiera la posibilidad de que los cristianos sean engañados, Jesús no nos habría advertido al respecto. Creo que Él nos está advirtiendo todavía.

Vía: Charisma Magazine

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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