Maxwell

“John, tenemos un problema.”

Como líder, uno se acostumbra a escuchar aquellas palabras. Los desafíos son una parte diaria del liderazgo. Sin embargo, cuando los oía, sentía un nudo en el estómago. Era joven y acababa de dejar la iglesia en Hillham, mi primera posición como líder. Había avanzado a una nueva oportunidad, en parte, porque creía que Hillham estaba en gran forma para continuar su crecimiento y trabajo.

Ahora, uno de mis más fieles amigos de la iglesia, estaba en el teléfono, diciéndome que las cosas no estaban tan bien como parecían. Inmediatamente le pregunté qué pasaba.

“Hemos decaído,” dijo mi amigo. “La asistencia es baja, así como el entusiasmo. John, ¿qué ha ido mal?”

No supe qué contestarle entonces. Y esa pregunta permaneció en mí por seis meses. Me confundí, soñaba con eso, y la idea estaba en mi mente una y otra vez, hasta que finalmente, me di cuenta lo que realmente estaba mal:

Yo.

La semana pasada, compartí contigo, las cinco razones que aprendí cuando apenas comenzaba. Esos eran principios aprendidos en las victorias; esta semana, quiero compartir algunos principios que llegaron del fracaso. Después de todo, no se vería bien que el autor de Failing Forward (El Lado Positivo del Fracaso), ¡no asumiera sus errores!

Fue devastador descubrir que los tres años que Margaret y yo invertimos en Hillham, se habían marchitado rápidamente. Por mucho que fui capaz de lograrlo, como un espectáculo unipersonal en Hillham, la verdad es que, mi incapaz para multiplicarme como líder, lastimó a la iglesia. Debido a que no desarrollé a otros, la iglesia volvió a caer en un estado similar al que había estado antes de que yo llegara.

Entonces, ¿dónde me equivoqué? Después de luchar muchísimo, me di cuenta de que yo había sido incapaz de ver los límites de un espectáculo en solitario.

EL LÍMITE DE LA VISIÓN

Margaret y yo trabajamos duro para construir la iglesia en Hillham. Ella estaba a cargo de los jóvenes, sirviendo a la comunidad, en proyectos especiales, y hospitalidad. Yo estaba a cargo de la predicación, la visita a los miembros, reclutar nuevos asistentes, desarrollar programas, y manejar los problemas. Teníamos una visión de lo que la iglesia podría ser, y trabajamos duro para hacer que ocurra. A la gente le encantó, se emocionó con ello, y compartió el trabajo.

Pero al asociarme con la gente en el trabajo, nunca transferí la visión. Era mi visión, no nuestra visión. Y ese no es un problema poco común para los líderes. Quedamos tan atrapados en lo que podemos ver, lo que pensamos que debería ser, que algunas veces, fallamos en llevar a otros al proceso. Cuando los líderes no invitan a otros a compartir la visión, y hacerla suya propia, esa visión, automáticamente queda atada al líder.

Eso significa que, a dónde el líder vaya, la visión le sigue. Si el líder comete un gran error, o se autodestruye, o – como en mi caso – se va a seguir otra oportunidad, la visión queda unida a él o ella. Es imperativo para los líderes, compartir la visión con la gente, si esa visión va a sobrevivir y permanecer después que se hayan ido.

EL LÍMITE DE LA INFLUENCIA

Mientras estaba en Hillham, mi antiguo Escarabajo Volkswagen, era una vista siempre presente en las agrícolas y polvorientas carreteras. Cada vez que alguien lo veía, sabía que el Pastor John estaba afuera, tratando de traer más gente a la iglesia. Con el paso del tiempo, la iglesia comenzó a crecer. La gente llegaba solo para ver lo que estábamos haciendo. Los líderes de otras iglesias, llamaban para preguntar qué estábamos haciendo bien. Yo estaba trabajando duro, y desarrollando influencia dentro de la comunidad, y por tres años, funcionó perfectamente.

Y entonces, cuando dejé la comunidad, me llevé la influencia conmigo.

Al igual que la visión, tu influencia como líder, está atada a ti, a menos que la compartas. De haber elegido siquiera una persona para mentorear o desarrollar durante mi tiempo en Hillham, su influencia permanecería, al irme.

Donde realmente perdí el barco, ¡fue al no desarrollar al menos un líder, que pudiera seguir desarrollando otros líderes! ¡Eso habla de limitarte a ti mismo! Me gusta decir que, si uno es bueno, cuatro son mejor – y eso es real con los líderes. ¿Por qué añadir uno o dos, cuando puedes multiplicarte en tres o cuatro? La influencia está en su mejor momento, cuando es multiplicada.

EL LÍMITE DEL IMPULSO

A estas alturas, ya has puesto atención al tema, pero quiero tocar un área más, donde los límites de un espectáculo en solitario, realmente hacen la diferencia – el impulso. En The 21 Irrefutable Laws of Leadership (Las 21 Leyes Irrefutables del Liderazgo), escribo acerca de cómo “el impulso es el mejor amigo de un líder.” Eso es absolutamente cierto. Durante los años que estuve en Hillham, nuestro impulso era asombroso. Después de comenzar con solo tres personas en la iglesia en mi primer domingo, rápidamente alcanzamos más de 300 personas asistiendo.

Pero cuando nos mudamos, el impulso pronto murió. Lo que habíamos construido con tanto trabajo, se desvaneció en cuestión de meses, debido a que no habíamos desarrollado personas para continuar llevando el impulso por nosotros.

Afortunadamente para mí – y para Hillham – ninguna de estas lecciones fue fatal. Hillham gradualmente encontró su propio ritmo una vez más. Y las lecciones que aprendí, me ayudaron a desarrollar una de mis centrales creencias acerca del liderazgo: los líderes deben desarrollar a otros líderes… quienes desarrollen a otros líderes. Ese principio de multiplicación, me lleva cada día a continuar creciendo yo mismo, y los líderes que me rodean, pues quiero que mi legado será un liderazgo en desarrollo. Quiero desarrollar líderes fuertes que lleven la visión, la influencia y el impulso. Y me emociona especialmente, nuestra más nueva iniciativa para transformar líderes que transformen naciones, que transformen nuestro mundo.

Estoy agradecido por todas las lecciones aprendidas de Hillham – tanto aquellas de las victorias como de los fracasos. Comencé como un espectáculo en solitario, pero a través de Hillham, aprendí la importancia de no quedarme solo.

Si tú todavía eres un espectáculo en solitario, te animo a aprender de mis experiencias. Al desarrollar gente que se convierta en líder, que luego, eventualmente desarrolle a otros líderes, crearás y sostendrás un crecimiento, influencia e impulso, dinámicos, en tu organización. Y tú y tu gente, serán mejores para ella.

Vía: www.johnmaxwell.com/blog

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s