Niño con arma de fuego

Carol Kent

El actuar desesperado de mi hijo cambió el futuro de nuestra familia. Pero Dios, en Su misericordia, trajo redención cuando nuestros antiguos sueños habían muerto.

No cuento la historia de mi hijo a fin de dar la impresión de que él es un héroe – nada más lejos de la verdad, en cualquier sentido tradicional. Él disparó y mató a un hombre a plena luz del día, lo digo para compartir con otros el pasaje increíblemente doloroso y de fe que mi familia y yo hemos atravesado por media década.

Cuento esta historia pues todo lo que creo acerca de Dios ha sido probado por fuego, y ha resistido las llamas. La cuento porque mi corazón ha sido herido y quebrantado por el dolor, y luego restaurado por la gracia.

Nuestro trayecto comenzó el 24 de octubre de 1999. El teléfono sonó a las 12:30 am. Mi esposo contestó, escuchó y me informó que nuestro hijo Jason había sido arrestado por el asesinato del ex esposo de su esposa. Me levanté para ir hacia el baño, entonces caí al piso en shock.

Deseábamos creer que por alguna razón, las noticias estaban erradas pero no era así. Nuestro único hijo – que amaba a Cristo, que era un estudiante modelo, deportista, presidente de la National Honor Society, graduado de la Academia Naval de los EE.UU, quien donaba su tiempo, dinero, incluso su sangre para ayudar a otros – se había obsesionado tanto con el hombre que había abusado sexualmente de sus dos hijastras que lo siguió a un restaurante concurrido y le disparó a plena vista de todos.

Seis días después del arresto de Jason, finalmente escuché la voz de mi hijo. Un mensaje digitalizado me dijo que la llamada venía de una institución del estado y preguntaba si aceptaba el cobro. Jason sollozaba en el teléfono, “Mamá, acabo de ser golpeado por 10 tipos aquí en la cárcel. Saltaron sobre mí y comenzaron a patearme en la cara. Tengo rotos los dos dientes de adelante y estos hombres me robaron mis cosas. Tomaron mi desodorante, jabón y pasta de dientes… Siguieron pateándome en la cabeza.”

Mi dolor era demasiado profundo para decirlo en palabras. Lloramos juntos, una mamá y su muchacho, separados por 1770 km de distancia, embarcados en una odisea de angustia, lucha y oración. Cuando esa primera conversación con Jason fue cortada por el sistema del teléfono institucional, me senté en mi escritorio inmóvil mientras un profundo gemido gutural salía desde mi interior. Un velo de tristeza y miedo me envolvió.

Abandonando el Sueño.

Tal vez fue mi entrenamiento como hija de pastor, tal vez fue mi vida de oración o los años que pasé leyendo las Escrituras. Quizás fue la misericordia de Dios – pero a través de la oscuridad, encontré un camino a la redención en la historia de Abraham e Isaac.

“Después de algún tiempo, Dios puso a prueba la fe de Abraham. Lo llamó por su nombre, y él contestó: Aquí estoy. Y Dios le dijo: Toma a Isaac, tu único hijo, al que tanto amas, y vete a la tierra de Moria. Una vez allá, ofrécelo en holocausto sobre el cerro que yo te señalaré. Al día siguiente, muy temprano, Abraham se levantó y ensilló su asno; cortó leña para el holocausto y se fue al lugar que Dios le había dicho, junto con su hijo Isaac y dos de sus siervos. Al tercer día, Abraham alcanzó a ver el lugar desde lejos. Entonces les dijo a sus siervos: Quédense aquí con el asno. El muchacho y yo seguiremos adelante, adoraremos a Dios, y luego regresaremos. Abraham tomó la leña para el holocausto y la puso sobre los hombros de Isaac; luego tomó el cuchillo y el fuego, y se fueron los dos juntos. Poco después Isaac le dijo a Abraham: ¡Padre! ¿Qué quieres, hijo? —le contestó Abraham. Mira —dijo Isaac—, tenemos la leña y el fuego, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?  —Dios se encargará de que haya un cordero para el holocausto, hijito —respondió su padre. Y siguieron caminando juntos.” (Génesis 22:1-8, DHH)

Sé que mi hijo no es una imagen de Isaac, quien no tenía culpa alguna. No justifico lo que él hizo – sé que sus acciones no han sido el plan de Dios para su vida. Sin embargo, Jason es mi “Isaac” personal.

Dios me permitió dejar mi clamor delante de él con completa confianza y sumisión, incluso cuando mi corazón de madre se negaba a soltarlo. Al hacerlo me di cuento que lo que yo sacrificaba sobre el altar realmente eran mis propios deseos: la ambición llena de orgullo por mi hijo, los anhelos de las vacaciones en familia y los sueños de un idílico futuro.

Abraham confiaba en Dios tan completamente que estaba dispuesto a rendir lo que más amaba profundamente, incluso hasta la muerte. Y a través del valle más oscuro, yo aprendí a confiar como Abraham. Casi inmediatamente después de enterarme de la situación devastadora de Jason, tome la fundamental decisión de que el enemigo no ganaría. Elegí la esperanza. Elegí la fe en medio de circunstancias impensables.

Escribí una carta a mi familia proclamando victoria: Incluida en este camino a través del valle de muerte reconocí Su presencia, como nunca antes había experimentado. Casi puedo escuchar el sonido de las alas de los ángeles.

Todos nosotros tenemos “Isaacs” que necesitamos dejar en el altar – sacrificios de corazón que nos desafíen. Tú probablemente no has recibido una llamada de media noche informándote que tu hijo ha sido arrestado por asesinado, pero estoy segura de una cosa: Has tenido que dejar ir a una persona querida, una oportunidad, posición, hábito o sueño. Los verdaderos sacrificios del corazón implican la identificación de algo muy precioso para nosotros (nuestro Isaac), dejando ir el control sobre este, abrazando el amor de Dios en el proceso de descansar en el resultado – incluso si no entendemos la razón detrás del sacrificio.

Haciendo las Paces con el Resultado.

Cuando finalmente vi a Jason, fue a través del filtro de una gruesa barrera de plexiglás. Estaba golpeado y lastimado, y los dos dientes delanteros eran piezas irregulares. Estaba golpeado, herido y triste; y yo también.

Mientras mire a mi hijo detrás del vidrio, sabía que no había nada que yo pudiera hacer respecto a las circunstancias que llevaron a Jason a ese lugar. No había manera de regresar a la vida al hombre. No había forma de arreglar las cosas y hacer que la vida fuera como antes.

Sin embargo, Dios me pidió que confiara en Él. Oré e intercedí por dos años y medio antes que llegara finalmente el juicio de mi hijo. En siete diferentes ocasiones, la fecha en la corte fue pospuesta.

Cuando el juicio finalmente tuvo lugar, nuestra familia caminó alrededor de la prisión siete veces al estilo de la oración de Jericó, pidiendo a Dios por su voluntad. Y cuando la voluntad de Dios finalmente se hizo clara, no ofreció los resultados que habíamos esperado, fue la fe de Jason la que nos protegió de la desesperación.

Nos sentamos en la galería de la corte y observamos a nuestro único hijo, de tan solo 27 años, enfrentar el veredicto de su vida. Su rubia cabellera estaba pulcramente peinada, y su camisa bien planchada. Sentado con la espalda erguida y sus claros ojos azules calmos y atentos.

El jurado le extendió al juez su decisión, y Jason permaneció en perfecta compostura. En ese momento, yo estaba más orgullosa de él que nunca pues aceptó su sentencia con gracia pura: vida en prisión, sin la posibilidad de libertad condicional – nunca.

Recibió el castigo con una actitud de tranquilidad, como si hubiera estado orando mucho. No se quebró. No mostró enojo. Tan solo paz – mucha más paz que el resto de nosotros.

Entonces le pusieron las esposas y las cadenas en la cintura, luego lo sacaron. Mientras salía de la corte, Jason nos miró y pronunció las palabras “Les amo” y se fue.

Cuando Jason regresó a su celda en la cárcel, un grupo de presos se reunió alrededor de él – asesinos, pedófilos, ladrones, criminales múltiples que se habían convertido en cristianos – y sollozaron, “si un hombre como tu tuvo una sentencia como esta, Jason, no hay esperanza para nosotros.” Más de dos años habían pasado desde su encarcelamiento y Jason se había convertido en un líder en su bloque.

Se puso de pie y predicó, “Hombres, sea que caminemos en libertad en esta vida o en la próxima, un día caminaremos en libertad porque conocemos a Jesús, y esta vida no lo es todo.” Poco después que él habló, fue llevado al área de Cadena Perpetua, lejos de los hombres que ya conocía.

Génesis 22 no registra ninguna lágrima de Abraham. Sabemos que Abraham e Isaac viajaron hacia el lugar del sacrificio por tres días, de modo que no puedo evitar preguntarme acerca de las muchas emociones que debe haber sentido este corazón de padre mientras hacía el viaje más desafiante de su vida.

La Biblia está llena de historias de personas como Abraham – como tú y como yo – a quienes Dios les pidió que sean fieles en medio de las circunstancias devastadoras. Encontré consuelo en el hecho de que la mayor parte de ellos no obtuvieron una respuesta a sus “porqués” tampoco. El dolor del corazón es un común denominador entre los seres humanos, y yo saqué fuerzas de saber que no estaba tan sola como algunas veces me sentía.

El Poder del Gozo Trascendente.

Cuando mi hijo fue arrestado y finalmente convicto por asesinato en primer grado, estaba humillada y avergonzada. Creía que había fallado como madre. Mirando hacia atrás, mucho de mí caminar se trataba de mi dolor, mi pena, mi reputación, mi devastación. Solo cuando comencé a mirar mis circunstancias impensables a través de la muerte y resurrección de Jesús, experimenté un gozo que trascendió mi tristeza.

Todavía hay días cuando resbalo al profundo valle de la desesperación. Pero continúo aprendiendo, día a día, que no hay situación que la resurrección de Cristo no me dé el poder para vencer. Estoy descubriendo que el escritor Henri Nouwen estaba en lo correcto: “La copa de la tristeza, inconcebible como parece, es también la copa del gozo. Solo cuando descubrimos esto en nuestra propia vida podemos considerar beberlo.”

Pasamos las Pascuas con Jason después de su juicio. Nos sentamos en el patio de la prisión, y determinamos que no desperdiciaríamos nuestra tristeza. Permitiríamos que Dios use nuestra tragedia como una plataforma sobre la cual proclamaríamos Su bondad, para declarar que hay esperanza incluso en las circunstancias más desesperanzadoras. Una parte de la declaración vino a través del libro que Dios me permitió escribir con la cronología de nuestro viaje a través de esta adversidad.

Después de leer el manuscrito, Jason escribió lo siguiente en una carta: “Querida Mamá, acabo de leer Cuando Rendí a Mi Isaac. Gran trabajo. Fue una lectura muy dolorosa, pero una buena. Le enseñó algo a mi corazón. Conozco las verdades de las que hablas muy profundamente, pero nunca las había visto elaboradas y explicadas en una forma coherente como una guía o un mapa, fuera de la pesadilla. Sentí a Dios usándolas para ministrarme y sé que está ministrando a otros también.

Tú y Papá – sus intentos de hacer algo hermoso de toda esta destrucción es asombroso. Bien hecho, Mamá. Te amo y estoy agradecido de tenerte como mamá. Tú y papá sigan amándose, y no sean demasiado rudos sobre las expectaciones emocionales. Levántense y aliéntense. Pienso que Satanás irá a marcar otra vez a nuestra familia de una manera totalmente nueva, así que estén alertas. Oren y ámense mucho, venga lo que venga.

“Los amo mucho a los dos. Son grandes padres. J.P.”

Debajo de sus iniciales, Jason añadió una cara feliz con dos dientes, pues su padre y yo fuimos capaces de negociar exitosamente con el sistema implacable del penal, a fin de lograr que sus dientes fueran arreglados. El libro ha sido un verdadero regalo para nuestra familia, permitiéndonos usar nuestro dolor como una catapulta para alcanzar a otros peregrinos en sufrimiento.

También nos hemos convertido en defensores de los prisioneros y sus familias a través de Speak Up for Hope, una organización que ministra a las familias de quienes están encarcelados. Mientras Jason cumple su pena, yo también, vivo una vida sentenciada de esperanza postergada. Pero con la pérdida de las antiguas expectativas viene la posibilidad de nuevos sueños, sueños forjados por el fuego, dolor, y sufrimiento que están hechos de metales fuertes. Pues sé que la verdadera redención viene de la mano de nuestro Padre.

Vía: Charisma Magazine

Acerca de Toto Salcedo

Comunicador Radio-TV RR.SS Libro: Revolucion desde adentro Pastor EKKLESIA

Un comentario »

  1. Tania dice:

    Un testimonio que sin lugar a dudas ha tocado profundamente mi corazón, porque lo más fácil en las circunstancias difíciles es ver nuestra esperanza debilitada!!!

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