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David Kyle Foster

En una conferencia sobre homosexualidad organizada por la Comisión de Libertad Religiosa y Ética, en Nashville, fui sorprendido y profundamente entristecido por la ausencia de quienes podían hablar sobre el tema del “cambio” para el homosexual. ¿Dónde estaban? Todos estaban sentados en la audiencia, líderes y ministerios que han estado en primera línea ayudando a los homosexuales por décadas, no fueron invitados a compartir sobre el poder de Jesucristo para sanar el quebranto que causa la confusión homosexual.

El mensaje fue claro: “Amigo, si vienes a Cristo, no hay esperanza que puedas cambiar, así que prepárate para una vida de celibato, pues esa es tu única opción.” Mientras tanto, docenas de ex homosexuales, muchos ahora casados con hijos, sentados en la audiencia, incapaces de compartir la verdad acerca del poder de Cristo para transformar vidas. Mientras tanto, detrás de la escena, los líderes pasando horas “dialogando” con los líderes del movimiento llamado “cristianos gay.” Esto rompió mi corazón.

En el reciente documental, Such Were Some of You (Así eran algunos de ustedes), al Dr. Neil T. Anderson le preguntaban si era posible que un homosexual que ha entregado su vida a Jesucristo, pueda cambiar. Su respuesta: Dios tiene solo un plan. Es que seamos conforme a Su imagen. Entonces: ¿el cambio es posible? ¡Todo se trata de eso! Es de lo que se trata el cristianismo – es el proceso de convertirse en alguien que ya somos. Somos hijos de Dios, ¡ahora seamos como Cristo!”

Esa es una descripción del proceso de la santificación, donde, a través del resto de nuestras vidas, nosotros, quienes hemos sido hechos santos por el sacrifico de Cristo, progresamos como consecuencia de esa santidad, mientras crecemos y maduramos (1 Cor. 6.11). Mientras nos enamoramos más y más de nuestro Salvador, en el curso de una búsqueda permanente de Él (Fil. 3:8-16), somos transformados a Su imagen (2 Cor. 3:19), y somos conformados a Su imagen (Rom. 8:29).

Bíblicamente, el cambio no es menos que lo que se espera para el homosexual, así como para el adicto a la pornografía, el mentiroso, el asesino, o cualquiera que ha estado bajo el poder del pecado.

Así que la pregunto no es “¿Puede cambiar un homosexual?” sino “¿Cómo podría verse el cambio para alguien que ha estado atrapado en la confusión homosexual pero ahora ha decidido seguir a Jesús?”

En pocas palabras, un cambio sustantivo es el fruto de una relación más profunda con Dios. No es el resultado de un esfuerzo propio, tratando de obtener el anillo de la santidad, sino un resultado natural de la revelación de Su gloria que cambia las vidas. (Jer. 29:11-14; Heb. 11:6) y la transformación de la voluntad, que ocurre en Su presencia (Fil. 2:13). Mientras más nos encontramos con Él, más profundamente será transformado nuestro hombre interior.

El cambio para aquellos que luchan con la atracción al mismo sexo ocurre en el siguiente orden: 1) comportamiento, 2) creencia, 3) identidad y 4) deseo. Puede también involucrar la liberación de fortalezas demoníacas, y maldiciones generacionales, el desenmascaramiento de raíces ocultas de idolatría, temor, incredulidad, falta de perdón, la renuncia a juramentos y votos paganos, la sanidad de heridas emocionales, así como la impartición de carencias, tales como la afirmación y el amor.

La persona que busca más de Dios, será guiada por el Espíritu Santo a un proceso de descubrimiento – mostrando una manera de escape para algunos problemas (1 Cor. 10:13) y una manera de sanidad para otros. Mientras se enfocan en la gloria de la persona de Dios y derraman su amor por Aquel que encontraron, Dios retribuye abriendo un camino de sanidad, guía para este camino, y empoderándoles e impartiendo lo que se necesite en el curso de este camino. (Sal. 23:3; 119:133; Prov. 3:5-6; 4:11-12).

El progreso en la santificación es acelerado por una entrega completa, la fe de un niño, y la humildad y disposición para hacer lo que Dios revela que es necesario. Es aletargado por el auto-esfuerzo, la incredulidad, la distracción de la búsqueda de Dios, y una falta de disposición para hacer lo que esto toma. También puede ser impedido por el perfeccionismo (una variante de la justicia por obras que no es satisfecha, por una sanidad parcial) o a través de un proceso de transformación que es doloroso o prolongado.

Otro impedimento común es el engaño demoníaco y las mentiras. Aquí es donde el conocimiento de la Palabra de Dios tiene un valor incalculable. La Biblia es una espada en las manos del Espíritu Santo (Efe. 6:17), para santificar creyentes (Juan 17:17), para limpiarlos (Efe. 5:26), para renovar la mente (Rom. 12:2) y para darles esperanza (Rom. 15:4). Es vida, activo, penetra el alma y el espíritu y juzga a la perfección los pensamientos y las actitudes (Heb. 4:12). Aquel que rechaza el origen divino y todo el consejo de la Escritura, no llegará muy lejos.

Dos engaños en los cuales los creyentes caen más que nada, parecen ser:

  1. la idea de que la tentación es pecado, y
  2. la idea de que son definidos (y/o condenados) por lo que les tienta.

Si alguna de estas fuera verdad, incluso Jesucristo habría sido un pecador (Mat. 4:1; Marcos 1:13; Lucas 4:2; Heb. 4:15) y todos quedaríamos sin esperanza.

La primera mentira es bastante fácil de rechazar, en un nivel intelectual, pero cuando la tentación realmente invade el corazón, la contaminación puede hacernos sentir como si hubiéramos pecado. Pero la verdad es que no pecamos, a menos que abracemos la tentación y le demos un lugar en nuestras fantasías y acciones (Stgo. 1:14-15). Y si verdaderamente cruzamos esa línea, tenemos la provisión de la gracia que ofrece perdón y limpieza, si nos arrepentimos y le pedimos a Dios que nos libere y perdone (1 Juan 1:9; 1 Cor. 10:13).

La segunda mentira es también el resultado de la contaminación que sentimos al ser tentados en tan perversa manera. En este caso, sin embargo, la batalla está entre el creer y la incredulidad, es decir, lo que es objetivamente verdad como es revelado por Dios versus lo que sentimos que es verdad. Esto, a menudo es una batalla real. ¿Vamos a volver a nuestra antigua identidad y/o a la manera de vida, o vamos a abrazar la nueva creación que las Escrituras dicen que soy ahora, incluso cuando nuestros cuerpos están gritándonos que no es verdad? (Rom. 6:5-14; 2 Cor. 5:17; 6:16; Efe. 4:24; Col. 3:5-10; 1 Juan 3:1-3).

Cómo Ocurre El Cambio.

Vamos a examinar cómo se el cambio para el creyente. La imagen es muy variable pues cada ex homosexual está en una etapa diferente en su proceso de sanidad/santificación. Adicionalmente, algunos son más comprometidos que otros, algunos comienzan tarde y tienen más problemas con los que tratar, algunos han vivido una vida más perversa que otros, algunos una vida más dolorosa. Y algunos tienen más fe, más amor por Dios y/o un mejor sistema de apoyo alrededor.

En esencia, sin embargo, comienza en el punto de nacer de nuevo, cuando un nuevo deseo de amar a Jesús a través de la obediencia, se despierta en nuestro corazón (Juan 3:3, 5-8, 12-21; 14:15, 21, 23-24; 2 Cor. 14-15; 7:1, 10).

Dios comienza a trabajar en nosotros el deseo de hacer Su voluntad (Fil. 2:12-13; 2 Cor. 1:21; 3:5-6; 4:7). Y mientras seguimos comprometidos con el proceso y búsqueda de Dios para la revelación y el poder necesario para la transformación, progresamos en totalidad, para ser como Cristo. Algunos días son dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás, pero sobre todo, como un autor lo dijo, es “una larga obediencia en la misma dirección.”

Un Cambio De Comportamiento…

Esto suele ser lo primero en aparecer. El Espíritu Santo trae convicción de pecado, lo confesamos y renunciamos a nuestro amor por él (Prov. 28:13; 2 Cor. 4:2), le buscamos a Él (Sal. 37:23; 55:22; 1 Ped. 1:5; Judas 24), recibimos el empoderamiento por la fe (Rom. 1:5) y luego nos apartamos del comportamiento idólatra (Rom. 1:25). Desde un creciente amor por Dios, forjado en Su presencia, posicionamos nuestro corazón en contra de lo que lo puso a Él en la cruz, renunciamos a ello, y ya no lo consideramos una opción (Rom. 6:11-18; 8:12-14; Gal. 2:20).

Para la mayoría de los creyentes, el dejar permanentemente el comportamiento homosexual ocurre inmediatamente a la salvación. Para algunos que no conocen las Escrituras, puede tomar algunos días o semanas por el amor y la bondad de Dios (Rom. 2:4; 2 Cor. 5:14), y la convicción del Espíritu Santo, llevarlos al arrepentimiento (2 Cor. 7:10). Otros pueden carecer de la facilidad para apropiarse del poder de Dios sobre la tentación, o pueden tener fortalezas demoníacas aún desconocidas, o falta de conocimiento espiritual para cómo quitarlas. Para ellos, puede haber un renunciamiento inicial del pecado, pero en un momento de debilidad, regresan temporalmente. Finalmente, sin embargo, son ganados por la gracia de Dios (Tito 2:11-14), enseñados por Él, empoderados por Él y renuncian al pecado para siempre.

Un Cambio De Creencias…

Operando junto con un cambio de comportamiento en la transformación del ex homosexual, está un cambio de creencias. Abrazamos a Dios como a Aquel que nos ama, quien tiene lo mejor en mente para nosotros, y quien es digno de nuestra obediencia. Intercambiamos falsas creencias acerca de Él (así como falsas creencias acerca de nosotros mismos) por la verdad revelada en la Palabra de Dios.

Mientras que antes creíamos que éramos imperdonables, irredimibles e indignos de amor, la verdad revelada por las Escrituras y la presencia de Dios – el Verbo hecho carne (Juan 1:1, 14) – expone aquellas creencias como las mentiras que son. Como resultado, somos persuadidos de abrazar nuestra verdadera identidad – regenerada y adoptada (Efe. 1:3-8), hijos amados de Dios (1 Juan 3:1-3) que ya no son semejanza ni dan testimonio de lealtad al mundo y su dios, el diablo (Juan 15:18-19; 1 Ped. 2:9-11; Apoc. 5:10).

Nuestro antiguo amor por el amor, está ahora desvaneciéndose (1 Juan 2:15-17), y buscamos conformar nuestras creencias en todas las cosas, de acuerdo a la Palabra de Dios, ya sea que las entendamos o no, y ya sea que Él quite aquellas cosas que nos tientan o no. Oswald Chambers una vez escribió que “la esencia de todo pecado es la duda de que Dios es realmente bueno.” Ahora escogemos creer que Él es bueno, basados en Su amor demostrado en la Cruz del Calvario.

Un Cambio De Identidad…

Debido a que nuestras creencias han cambiado, nos sometemos a un cambio de identidad. Ahora vemos la homosexualidad como la mentira que es – un ídolo y un lamentable sustito para una necesidad insatisfecha. También reconocemos el concepto de “gay cristiano” como la misma distorsión de la realidad, y la rechazamos. Ya no permitimos que nuestra historia, sentimientos o tentaciones nos digan quienes somos (1 Cor. 6:11; 2 Cor. 4:18; 5:7; 6:16; 10:4-6).

Fuimos creados y diseñados por Dios para operar heterosexualmente, y aunque esa identidad puede haberse distorsionado, o permanecer sin forma, la abrazamos como la intención de Dios, y por fe, nos abrimos a la sanidad que Él tiene para nosotros. Aun así, no derivamos nuestra identidad a partir de lo que pueda resultar, sino de lo que Dios ha declarado desde la fundación de la tierra (Gen. 1:27-28; 2:18-25).

Un Cambio De Deseo (O Atracción)…

Esto comienza con amar a Dios más que a los ídolos de nuestro pasado – aquellas cosas que nos dieron nombre, y falsamente prometieron proporcionar identidad y plenitud. Mientras perseguimos una relación de amor con Dios el Padre, Él comienza a develar los misterios detrás de nuestras atracciones por el mismo sexo, y nos muestra qué hacer al respecto. Para algunos, serán cosas que les hicieron sentir repulsión por ciertas características del sexo opuesto. Para otros, pudieran ser incidentes (o creencias) que crearon temor u odio por el género opuesto.

Para otros, tendrá más que ver con los déficits que experimentaron en su formación de identidad, dejándoles con una inclinación idólatra hacia su mismo sexo, y una búsqueda sin fin de adquirir la masculinidad o feminidad que nunca fue afirmada en la infancia. El rango de posibilidades es demasiado grande para cubrirse en este artículo, pero incluso si tuviéramos una idea perfecta de nuestro quebrantamiento, eso solo no traería sanidad. Solo Dios puede hacer eso. Y sólo Él puede revelar la serie de acciones, y el tiempo de tales acciones, que puede transformarnos. No me malinterpretes – saber por qué ayuda, pero conocerle a Él es lo que sana.

Tenemos una inclinación de enfocar nuestra esperanza en la sabiduría del hombre, tratando de solucionarlo nosotros mismos, regresando a la idolatría cuando las cosas no proceden de acuerdo a nuestros tiempos. También tenemos una fuerte tendencia a vacilar en nuestro compromiso con el proceso, y con la necesaria búsqueda de una relación íntima con Dios el Padre. Estos son comunes y grandes impedimentos para el progreso. Pero nuestro Dios es paciente y lleno de gracia.

Mi “proceso de sanidad” ha sido constante en los últimos 34 años, aunque la mayor parte de el mismo, ocurrió durante los primeros siete. No fui a un programa, o a un grupo de apoyo o consejería – y no que haya algo malo en eso, mientras eso no se convierta en el enfoque de nuestra esperanza para el cambio.

Aprendí el proceso de transformación directamente del Espíritu de Dios, a través de Su Palabra y de Su Iglesia. Mientras me arrodillaba en adoración delante de Él, noche tras noche, cantándole canciones de amor, saboreando Su Palabra, exponiendo mis necesidades, y periódicamente Él me mostraba la raíz de mis problemas. Luego, Él me mostraba qué hacer al respecto. Fue así de simple. Es así de simple. No fácil, pero simple.

Somos transformados a Su imagen mientras contemplamos Su gloria (2 Cor. 3:18), a través de lavarnos en la Palabra (Efe. 5:26), a través de la sanidad de nuestro corazón herido (Is. 61:1-3), y las imparticiones de identidad y afirmación que nos faltó en la infancia. Mientras le adoraba, Él, imperceptiblemente, quitó mi miedo a la mujer. Ni siquiera sabía que lo estaba haciendo, solo vi la evidencia de ello más adelante. Mientras cantaba los himnos en los servicios, me convertí en un hombre entre los hombres. En ese seguro lugar de fe y adoración, me convertí en alguien sólido e íntegro. Mientras me enfocaba en Él, en lugar de obsesionarme en mí y mis problemas, Él los resolvió uno por uno.

¿Todavía soy tentado? Sí, ¡al igual que el ex adicto a la pornografía, el fumador y el chismoso crónico! Todavía conservo los recuerdos de mi pasado, y ellos me rondan de vez en cuando. Y el ámbito de los demonios todavía conserva su conocimiento de cómo golpearme de vez en cuando. Pero ahora sé a dónde llevar esas tentaciones (Gal. 2:20). No les permito más que me nombren o me lleven a acciones pecaminosas. Las uso para correr de nuevo a los brazos de mi Salvador, para practicar mi dependencia de Él y obtener Su poder sobre ellas.

Mi comportamiento ha cambiado, mis creencias han cambiado, mi identidad ha cambiado y mis deseos han cambiado – a niveles significativos. No soy más como solía ser, sin embargo todavía sigo siendo poco de lo que Dios quiere hacerme. Y durante los pasados 34 años de ministerio, he conocido a miles de otros que han dejado la homosexualidad atrás, y han encontrado sanidad y transformación a través de Jesucristo.

¿Es posible el cambio? ¡De eso se trata todo esto!

Vía: Charisma News

Acerca de Toto Salcedo

Conductor del Programa "La Verdad" difundido por Xto TV de lunes a viernes a Hrs. 20:00 La Paz, Bolivia.

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