Celebrando tus libertades

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Este pasado 4 de julio, millones de estadounidenses celebraron. Este día, a menudo referido como el cumpleaños de EE.UU., es celebrado generalmente con ferias al aire libre, fuegos artificiales y banderas, todo en nombre de celebrar la libertad. Pues este país fue fundado sobre la idea de la libertad.

La libertad está tan arraigada en el ADN de este país que está entretejido en nuestras mismas leyes, como país. de hecho, en la primera enmienda de la Constitución solamente, todos los ciudadanos tienen la garantizada libertad para practicar su religión, hablar o escribir sus opiniones, reunirse en protesta, y pedir al gobierno que haga (o no haga) algo.

¡Y esa es tan solo UNA enmienda!

La idea de la libertad no es nada nuevo; de hecho, ha estado presente en la humanidad desde el comienzo de los tiempos. Siempre hemos disfrutado la capacidad de ser criaturas libres, incluso antes de que cosas como Constituciones y leyes, existieran. De hecho, hay una enorme libertad para cada persona en cualquier lugar de la tierra. Esta libertad se encuentra en nuestra habilidad de elegir.

A menudo dije que, si bien no podemos elegir lo que nos pasa, podemos elegir cómo responder a lo que nos pasa. Recientemente me encontré con una cita de Viktor Frankl que llega al corazón del tema:

“Entre el estímulo y la respuesta, hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta reside nuestro crecimiento y nuestra libertad.”

Frankl, un sobreviviente del Holocausto, quien llegaría a convertirse en un prominente psicólogo, conocía de primera mano el valor de la libertad de elegir. Mientras era prisionero de los Nazis, Frankl y su familia encontraron una manera de levantarse por encima de la brutalidad y el horror, ejerciendo la única libertad que nadie podía quitarles. Sin importar lo que sucedía, Frankl se mantuvo libre, de la única manera en la que cualquiera de nosotros realmente puede hacerlo eligiendo cómo responder a sus circunstancias.

Podría hacer una larga lista de libertades disponibles para Frankl, y realmente ninguna. Pero la reduciré a cinco que pienso que son las más cruciales para vivir una vida que sea verdaderamente libre.

  1. Eligiendo tu actitud

¿Alguna vez has despertado con una mala actitud? ¿Alguna vez te preguntaste cómo llegó allí? ¡Por supuesto que no! Sabemos aunque no nos gusta admitirlo que nuestra actitud es nuestra decisión. Eres libre de elegir cómo reaccionar a las presiones de la vida, y tristemente, algunas personas eligen mal. La gente que decide permitir que otros dicten cómo responden a las circunstancias, entregan su más grande libertad.

No necesitamos ponernos a merced de las actitudes, acciones y agendas de alguien más. Si bien, no siempre puedes ser capaz de vencer las circunstancias difíciles o cambiar las situaciones que enfrentas, puedes ejercer tu libertar para abordarlas con una actitud como positivismo o abundancia que hacen que las cosas sean un poco más fáciles.

2. Practicando el auto liderazgo

Hay una vieja foto de la Alemania Nazi, de una multitud levantando sus manos en saludo al Reich, pero en el medio de la foto, está un viejo hombre con sus brazos cruzados sobre el pecho. Es una poderosa imagen, pues ilustra lo mucho que significa liderarte a ti mismo. Incluso cuando el resto del mundo, dirige de una manera, tú todavía tienes la libertad de dirigirte a ti mismo.

Y sin embargo, de todas las libertades que tenemos, esta es la más difícil de ejercer. Después de todo, ¡la persona más difícil de liderar siempre eres tú mismo! Eso es porque guiarte a ti mismo significa hacer lo que sabes que es correcto, incluso cuando es difícil. Es desarrollar y ejercer una motivación interna, en lugar de confiar en la motivación de otra persona. Pero cuando aprendes a dirigirte, estás ejerciendo una libertad fundamental, que te capacita para ir en la dirección que elegiste, y alcanzar las metas que estableciste para ti. El auto liderazgo conlleva intenciones, y las lleva a buenas acciones que tienen el potencial de beneficiarte a ti, y a quienes te rodean.

3. Tomando pasos de crecimiento

El crecimiento personal, no es automático. Damos por sentado que, por virtud de ser humanos, simplemente creceremos y nos desarrollaremos con el tiempo. Después de todo, todos hemos crecido físicamente, de niños a adultos, sin ningún esfuerzo real. Pero el crecimiento personal es muy diferente del crecimiento físico. Sin pasos intencionales para promover esta clase de crecimiento, simplemente no ocurre.

La buena noticia es que tienes la libertad de elegir crecer, y es tan simple como levantar un libro, o hacer buenas preguntas a otras personas. Es ser curioso y enseñable. No tienes que regresar a la escuela para obtener un título (aunque ciertamente ¡puedes!); simplemente tienes que mirar la vida como una serie de oportunidades de crecimiento, y tomar las decisiones que te impulsan hacia adelante.

4. Aprendiendo del fracaso

Benjamin Franklin una vez dijo que, había solo dos certezas en la vida: la muerte y los impuestos. Me gustaría añadir una tercera certeza el fracaso. Todos fracasamos. Incluso la gente que trata de evitar el fracaso ¡fracasa en no fracasar! Simplemente es parte de la vida. Pero, aunque todos fallamos, no todos aprendemos del fracaso.

Verás, cada fracasa tiene lecciones que enseñarnos, si estamos dispuestos a buscarlas. Somos libres de ignorar esas lecciones, a nuestro propio riesgo, pero también somos libres de reflexionar sobre nuestros fracasos y extraer sabiduría de ellos. Tenemos la libertad de reescribir la historia de nuestro fracaso, sacando valiosas lecciones que nos ayuden a crecer y mejorar en la vida.

O, para ponerlo de otra manera, ¡tenemos la libertad de fracasar!

5. Haciendo una diferencia positiva

Esta libertad es tal vez la menos valorada de todas. Desde el año pasado, he pasado mucho tiempo hablando con las personas acerca de su habilidad de hacer una diferencia en el mundo. Me he sentado con gente de todos los niveles de influencia, y he derramado en ella, mi pensamiento de que todos pueden ser un catalizador, para transformar su comunidad, su país, e incluso el mundo. Y si bien el proceso de transformación no es rápido, es fácil de empezar: todo lo que se necesita es vivir cada día, de manera que se añada valor a otros.

Cada uno de nosotros, tenemos la capacidad y la libertad de hacer una diferencia. De hecho, creo que tienes la capacidad de cambiar el mundo de alguien, hoy y puede que no te des cuenta cuando ocurra. Tal vez, la palabra de ánimo que ofreces, o la taza de café que compras, parecerá insignificante para ti, pero no tienes idea de lo mucho que podría significar para la persona que recibe tu amabilidad.

Eres libre de dar generosamente, hablar amablemente, y llevar esperanza a quienes te rodean. Comienza en tu casa y tu trabajo, pero traspasa esas esferas. Ejerce tu libertad en el supermercado, la biblioteca, en el restaurante. Busca oportunidades para ser una luz en tu mundo.

Las libertades que tenemos hoy, son dignas de celebración. Pero si no somos intencionales sobre el ejercicio de nuestras libertades, podemos ser prisioneros incluso en un país donde todo el mundo es libre. Es por eso que me encanta esta cita del poeta John Donne: “Se tu propio palacio, o tu cárcel del mundo.”

Mi amigo, tienes tremenda libertad, dada por Dios, para vivir una vida que haga la diferencia en el mundo. Tienes un propósito que estás destinado a cumplir, y se te ha dado habilidades y fortalezas necesarias para alcanzar mucho más de lo que puedes imaginar. Quiero que entiendas que las limitaciones que sientes, los límites que la cultura o la duda pusieron en ti, no te quitan la libertad de ser quien estás destinado a ser.

Eres libre, no solo porque vives en un país que ofrece libertad sin importar dónde vives, sin importar quién eres, eres libre. Libre para elegir tu actitud, libre para elegir hacer una diferencia, libre para cambiar el curso de tu vida, para mejor.

Vía: http://www.johnmaxwell.com

Basta de posponer

agendaRick Warren

La Biblia nos da cinco acciones que debemos tomar para dejar de posponer:

  1. Deja de excusarte. “Para no trabajar, el perezoso pretexta que en la calle hay un león que lo quiere matar.” (Proverbios 22:13 DHH). ¿Qué has estado diciendo que harás “uno de estos días”? ¿Acerca de qué te has excusado? La excusa número uno que escucho es, “Cuando las cosas se calmen, entonces voy a…” Las cosas nunca se calmarán. Debes tomar la elección de priorizar lo que es importante.
  2. Comienza ahora. No el siguiente mes, la siguiente semana, o mañana. “No presumas del día de mañana, pues no sabes lo que el mañana traerá.” (Proverbios 27:1 DHH). Ninguno de nosotros está garantizado para mañana.
  3. Establece un programa planificado. Proverbios 13:16 dice, “El que es prudente actúa con inteligencia, pero el necio hace gala de su necedad.” (DHH). Si no planeas, estás planeando fracasar. Necesitas designar algunos espacios cada semana para las cosas que necesitas hacer. Lo que sea, ponlo en tu calendario. Y si es una gran tarea, divídela. Divídela en pequeños pedazos.
  4. Enfrenta tus miedos. Odiamos admitir que tenemos temores, pues pensamos que son una señal de debilidad. Pero el mielo es una señal de humanidad. Solo los tontos no tienen miedo. Has escuchado decir que, “el coraje no es la ausencia del miedo; es continuar a pesar de nuestros temores.” La Biblia dice que no hay nada que no puedas vencer con la ayuda de Cristo que te da la fortaleza.
  5. Enfócate en lo que ganas, no en el dolor. Hay muy pocas cosas en la vida que son fáciles. Debes imponerte a la frustración y mirar la ganancia más allá del dolor. Concéntrate en cuán bien te sentirás una vez que termines la tarea.

Gálatas 6:9 dice, “Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos.” (NTV)

Jesús nunca dijo que la vida sería fácil. Habrá sacrificio y compromiso. Pero hay tremenda recompensa cuando hagamos las cosas para las que fuimos llamados a hacer.

Hablando sobre el tema.

No preguntes, “¿Qué tengo ganas de hacer?” En lugar de eso pregunta, “¿Qué quiere Dios que haga?”

Quiero que escribas tres cosas que sabes que Dios desea que hagas, una en cada una de estas tres áreas: tu familia, tu vida personal, y tú trabajo o carrera. Escoge una de estas tres, y comienza hoy. Incluso si puedes trabajar en tu meta solo 15 minutos al día, hazlo – ¡Te sentirás mucho mejor!

Vía: Ministry Today

Recorre la distancia

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“El Señor le había dicho a Abram: «Deja tu patria y a tus parientes y a la familia de tu padre, y vete a la tierra que yo te mostraré. 2 Haré de ti una gran nación; te bendeciré y te haré famoso, y serás una bendición para otros.3 Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te traten con desprecio. Todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti” Génesis 12:1-3 (NIV)

Génesis 11:31 nos dice que el padre de Abraham, Taré, partió hacia Canaán desde Ur de los Caldeos, mucho antes de que Abraham hiciera un viaje similar. Pero, por alguna razón, Taré se detuvo en Harán y nunca continuó su viaje. ¿Recibió Taré un llamado original de Dios… pero lo ignoró? No lo sabemos.

Sabemos que Abraham nunca cometió tal error. Aunque cometió otros errores de liderazgo, él siempre pareció seguir sus compromisos. Cuando Dios lo llamó a partir hacia una tierra desconocida, él recorrió la distancia. Cuando los enemigos secuestraron a Lot y sus bienes, él los persiguió y subyugó (Génesis 14:14-16). Cuando se le ordenó circuncidar a los varones de su casa, Abraham lo hizo ese mismo día (Génesis 17:23). Y cuando Dios le pidió que sacrificar a su amado hijo, Isaac, solo la intervención angelical en el último segundo, perdonó la vida del joven (Génesis 22:1-9). ¡No es de extrañar que Dios, el Máximo líder, lo llamara, “Mi amigo” (Isaías 41:8)!

Extractado de “La Biblia del Liderazgo” de John Maxwell

Experimenta el abrazo del Padre

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Tal vez tuviste un padre amoroso y tierno que se preocupaba por tu vida y tu futuro, o quizás creciste en medio de una atmósfera de insultos y peleas y nunca te sentiste aceptado ni protegido. ¿Necesitas una “sobredosis” de gestos y palabras cariñosas de la gente para sentirte bien? Si tu respuesta es “sí”, esto indica el dolor de tu alma.

Cuando David derrotó a Goliat, el rey preguntó al general del ejército: “¿Quién es el papá de este muchacho?”, 1º Samuel 17:55 (PDT). El jovencito había matado al gigante y conquistado la victoria para toda la nación; el pueblo estaba eufórico y la gente vitoreaba su nombre y lo único que parece interesarle al rey es quién era su padre. Como nadie podía dar respuesta a su inquietud, el rey tuvo que preguntarle personalmente: “Muchacho, ¿Quién es tu papá?”, versículo 58. Y la respuesta de David revela honra: “David le contestó: —Soy hijo de tu siervo Isaí, de Belén”. ¡Qué orgulloso se sentía David por ser hijo de Isaí!

Es probable que si la relación con tu padre no fue buena, tu voz no se escuche con claridad. Si sufriste abandono, abuso o maltrato quizás no puedas decir con orgullo quién es tu padre. Si no sentiste el cariño y el cuidado amable de un padre bondadoso necesitas experimentar por primera vez un padre diferente. No te preocupes. Todavía hay esperanzas. No es demasiado tarde. Hoy mismo comenzarás a experimentar la restauración. Dios cerrará esas heridas y comenzarás a vivir tu vida como alguna vez la soñaste. La paz llegará, la alegría se extenderá y vivirás en abundancia. Dios cortará el circuito de dolor y te traerá libertad. Basta ya de estar amargado. Basta de culpar a otros. Basta ya de preguntarte el porqué y, basta ya de dudar de Dios. No trates de entender lo que sucedió. El rechazo que experimentaste en el pasado ya no te daña. Las maldiciones sobre tu vida quedan sin efecto. Los mandatos familiares de destrucción se anulan. Los sentimientos de inseguridad se van. El temor a no ser querido o, el miedo a no formar una familia mejor de la que tuviste se disipan en el poderoso nombre de Jesús. No eres un fracaso. No hay nada malo en ti. Tu autoestima mejorará. Tus capacidades crecerán y tus talentos se desarrollarán. Tus sueños se cumplirán.

Vía: Todos Contra El Abuso Infantil

Cómo Orar Cuando Te Han Ofendido

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Pam Havey Lau

Sin Jesús como mi Salvador, no tendría amistades cercanas con mujeres. Y cada vez que pienso que la relación no funcionará, Jesús me prodiga más y más con su amor. Entonces, ¿Cómo puedo lograr obtener amistades con todo mi corazón?

¿Es posible que amistades genuinas prosperen en nuestra cultura del siglo 21 del “yo primero,” tan competitiva? He descubierto que la verdadera amistad con las mujeres prospera cuando mis manos están abiertas, mientras Dios pone misericordia en una y verdad en la otra.

Hace varios meses, una amiga cercana me lastimó, con una pequeñez, y por alguna razón, me llevó a un estado de ánimo triste. Por unos días, semanas incluso, la evité y me aparté. La verdad honesta es que ella hizo una elección que me puso al final de su lista. Su decisión produjo un vacío en mí y un profundo tormento. Comencé a hacerme preguntas que antes no me había hecho, no solo en esa amistad, sino en otras, también: ¿Es eso más importante que yo ahora? ¿No es nuestra amistad digna de sacrificio? ¿Soy así de fácil para darme por segura? ¿Qué dice esto de mí?

Después de varias horas de sentirme miserable en cada área de mi vida, abrí mi diario y comencé a arrepentirme. Auto compasión. Competición. Afortunadamente, fui capaz de ver lo que estaba haciendo y lo que me llevó allí. ¡Cuán vulnerable realmente soy!

Sin embargo, cuando fui brutalmente honesta, lo que más me molestó, más que lo que mi amiga hizo, ¡fue cuán oscuro y competitivo comprobé que era mi corazón! Frustrada conmigo misma, esta amistad y mi inhabilidad para orar con un corazón puro, me volví a Dios, “¿Cómo puedo tener una buena amistad cuando es así como respondo?”

Mis ojos cayeron en un pasaje de Colosenses: “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor…” (Colosenses 1:9-10).

Y entonces, en mi espíritu escuché a Dios decirme, “Pam, cada vez que comiences a estar a la defensiva, sintiéndote no amada, queriendo atención, cuestionando las motivaciones de otras personas; y cada vez que comiences a compararte, midiéndote a ti misma, comienza a orar por esa persona. Ora para que sea llena con el conocimiento de mi voluntad, en toda sabiduría y entendimiento espiritual.”

Así lo hice. La oración es realmente la única manera de mantener puro mi corazón, y que cualquier amistad prospere. Parece que cuando oro, muchas cosas suceden.

  1. La Oración Crea Un Espacio. El día que recibí la herida de mi amiga, mi corazón se sintió pequeño hasta que derramé todo en mi diario. A través de la oración, Dios agrandó mi corazón y creó más espacio, de modo que pudiera orar por mi amiga, sin sentirme ofendida. El amor pródigo tiene esa clase de efecto en el corazón humano, abriendo ventanas en nuestra alma que ni siquiera sabíamos que estaban cerradas.
  2. La Oración Crea Una Intimidad. Con el espacio adicional en mi corazón, fui capaz de visualizar una amistad íntima con muchas de mis amigas que estaban cerca y también lejos. Sorprendentemente, la amiga que me lastimó estaba en esa imagen, una imagen más realista. Junto con la tan necesitada misericordia, Dios puso verdad en mis manos, enseñándome que la verdadera intimidad siempre se construye sobre lo que es real.
  3. El Espíritu De Dios Ora En Nosotros. ¡Es verdad! Cuando el Espíritu de Dios me llena en un momento tan decepcionante, puedo sentir a Jesús orando conmigo. Nada es demasiado doloroso, nada ni nadie se siente tan distante, o demasiado difícil, o demasiado separado, o muy cerca, que no pueda ser alcanzado por el toque de sanidad de Jesús.
  4. Las Amistades Se Renuevan. Pocas semanas después, mi amiga y yo, finalmente nos contactamos. Aunque no negué que me lastimó, no sentía la necesidad de castigarla o hacerle pagar por sus acciones. Debido a que la oración limpió mi corazón, Dios me dio sabiduría en esa amistad. Fue como que el incidente sirvió como Maestro, diciéndome, “Siento que te haya sucedido, pero aprenderás de esto. La próxima vez, estarás mejor preparada. Pero no arruines la amistad, en lugar de eso, renuévala.”

Cuando llevé mi corazón a Dios, sin importar su estado magullado y golpeado, Él encontró la forma de suplir cada necesidad, para que yo pudiera mantener mi amistad.

Vía: Charisma Magazine

La armadura de la Oración

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Por Cindy Trimm

En el último capítulo de Efesios, Pablo nos instruye acerca de que necesitamos ir a orar por otros como si estuviéramos entrando en una batalla. Tenemos que vestirnos con la armadura de la fe. Nos dice: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Efesios 6:10–11, 13).

Luego continúa describiendo cada uno de los componentes de esa armadura:

“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:14–18).

Cuando nos dedicamos a la oración, la verdad es lo que nos reviste y lo que sostiene las piezas de nuestra armadura en su lugar. La verdad de que somos justos delante de Dios por medio del sacrificio expiatorio de Jesucristo es lo que protege nuestros corazones de la duda y la indecisión. A dondequiera que vayamos, tenemos que recordar que nuestro propósito es la paz shalom que Dios escogió como su propio nombre. La fe es lo que nos protege de los contraataques del enemigo y detrás de la que nos recargamos a la vista del temor. La espada que empuñamos es las promesas de la Palabra de Dios, ya que ellas son las leyes y los preceptos del reino de los cielos por medio de los cuales decimos en la corte del cielo que tenemos el derecho de recibir aquello que estamos pidiendo. Revestidos así, estamos listos para enfrentar cualquier batalla y pedir que la luz del cielo produzca cambios. Y, a medida que nos revestimos de estas cosas, empezamos a convertirnos en aquellas personas que Dios pretendía que fuéramos cuando nos puso en esta tierra: sus representantes en la tierra, reflejos de su Hijo en palabras y hechos. En este pasaje en Efesios, Pablo incluso usa una cita del libro de Isaías que se refería al Mesías que habría de venir, Jesús: Y lo vio Jehová, y desagradó a sus ojos, porque pereció el derecho. Y vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese; y lo salvó su brazo, y le afirmó su misma justicia. Pues de justicia se vistió como de una coraza, con yelmo de salvación en su cabeza; tomó ropas de venganza por vestidura, y se cubrió de celo como de manto. “Y vendrá el Redentor a Sion, y a los que se volvieren de la iniquidad en Jacob”, dice Jehová. (Isaías 59:15–17, 20).

Por lo general, subestimamos tremendamente el poder de nuestras oraciones por otros. Dios nos llama a la aventura y al diálogo de la intercesión porque está buscando compañeros en la tierra que acudan y salven a aquellos a los que ama en la tierra, parándose entre ellos y la catástrofe. Quiere hijos e hijas en la tierra que sean semejantes al Cristo encarnado. Jesús, después de todo, “vive siempre para interceder” (Hebreos 7:25). Si nos esforzamos por ser como Él, ¿acaso no debemos también estar intercediendo? Cuando de veras nos “revestimos de Cristo” (Gálatas 3:27), también debemos vestirnos de intercesión, porque eso es lo que Él hace día y noche. Es, en resumen, el poder fundamental para traer un cambio por medio del espíritu en nuestro mundo físico. Es el trabajo de cada creyente. Es la clave para la expansión del reino de Dios. Y es el fundamento de una vida que vale la pena vivir.

No solo eso, sino que es imposible que haga tales peticiones al cielo sin determinación y sin que esa determinación lo cambie a usted. En su libro en la escuela de la oración Andrew Murray llamó a la oración intercesora “la escuela de entrenamiento de la fe”. Continúa diciendo:

Allí se prueba nuestra amistad con Dios y con los hombres. Allí se ve si mi amistad con el necesitado es tan real, como para que dedique tiempo y sacrifique mi descanso, vaya incluso a la medianoche y no cese hasta que haya obtenido lo que necesito para ellos. Allí se ve si mi amistad con Dios es tan clara, de modo que puedo depender del hecho de que no me defraudará y, por tanto, orar hasta que Él dé. Oh qué misterio celestial tan profundo es el de la oración perseverante. El Dios que ha prometido, que anhela, cuyo propósito firme es dar la bendición, la retiene. Para Él es un asunto de tal importancia que sus amigos en la tierra conozcan y confíen plenamente en su Amigo rico en el cielo, que los entrena, en la escuela de la respuesta demorada, a ver cómo su perseverancia realmente importa, y qué asombroso poder pueden ejercer en el cielo, si tan solo se empeñan en ello. Hay una fe que ve la promesa, y la abraza, y sin embargo no la recibe (Hebreos 11:13, 39). Es cuando la respuesta a la oración no viene, y la promesa en la que parecemos estar confiando con mayor firmeza aparentemente no tiene ningún efecto, que la prueba de la fe, más preciosa que el oro, tiene lugar. Es en esta prueba que la fe que ha abrazado la promesa se purifica y se fortalece y se prepara en una comunión personal y santa con el Dios viviente, para ver la gloria de Dios. La toma y se agarra de la promesa hasta que ha recibido el cumplimiento de lo que había reclamado en una verdad viviente en el Dios invisible pero viviente.

Este no es un asunto trivial. Incluso si comenzamos a interceder en el mismo instante en que escuchamos la necesidad de otro, tenemos que adoptar el modo de pensar de fe que dice que nuestras palabras harán algo más que solo producir vibraciones en el aire. Tenemos que reconocer que tenemos un lugar delante del trono de Dios y el derecho de estar allí. Tenemos que reconocer que hay promesas de Dios que se aplican, leyes espirituales en las que se puede confiar para proporcionar ayuda en tiempos de necesidad. Y, tal como lo hizo Ester, usted tiene que venir con la convicción de que no será rechazado, después de todo, sabe que lo dice la Palabra de Dios.

Tomado del libro Hasta que el cielo invada la tierra por Cindy Trimm.