
Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita, y Zofar naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para condolerse de él y para consolarle. Los cuales, alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgó su manto, y los tres esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que su dolor era muy grande.
Job 2: 11–13
Los amigos de Job querían ayudar. Sentían su dolor y estaban horrorizados de ver a un amigo en tal necesidad. Misericordiosamente, mantuvieron sus bocas cerradas por toda una semana. Se sentaron con su amigo y escucharon.
Estos amigos se dieron cuenta de una importante verdad: La gente no pierde intimidad cuando dejan de hablar, pero sí cuando dejan de escuchar. Los líderes rara vez se dan cuenta cuánto empodera a una persona ser escuchada. Debido a que son líderes, el mero acto de escuchar habla muchísimo más que un gran discurso que no puede comunicar.
Extractado de “La Biblia del Liderazgo” de John Maxwell

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Publicado por Toto Salcedo el 15/05/2013 en Liderazgo y etiquetado Atención, Biblia, Comunicación, DIOS, Ejemplo, Empoderar, Escuchar, Job 2: 11–13, John C. Maxwell, Líder, Liderar, Liderazgo, Promesas, Promesas de Liderazgo, Valor.